Putin, ¿un paria?

Putin, ¿un paria?

Noviembre 21, 2014 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

Así califican al presidente ruso Vladimir Putin una multitud de comentaristas de todos los medios al analizar el resultado de su política de sucesivos desafíos y provocaciones. Cansados de tal comportamiento los líderes más influyentes y poderosos del mundo lo esperaron el fin de semana pasado en la reunión del G20 en Brisbane, Australia, para regañarlo y cantarle sus verdades. La confrontación fue de tal magnitud que Putin se sintió obligado a abandonar la reunión y regresar a su país, alegando vagas excusas.Pero la verdadera razón del estallido se conoce y es la reciente anexión de Crimea y luego la comprobada incitación y colaboración de Moscú con los rebeldes prorrusos y secesionistas del Este de Ucrania con el fin de impedir a toda costa que este país ingrese a la Unión Europea (UE) o pretenda hacer parte de Otan. La interferencia en un país ya independiente y soberano no ha sido tolerada por la comunidad internacional y en especial por los europeos que temen que se extienda hacia otros países de Europa del Este liberados de la ex URSS. En Brisbane los presentes acusaron a Putin de violar las reglas del juego político del Siglo XXI y de recurrir a las estrategias lúgubres de la Guerra Fría cuando el mundo estaba dividido en zonas de influencias dominadas por las dos superpotencias Estados Unidos y la URSS y al borde de una guerra nuclear.La verdad es que Putin es un megalómano (a ratos tristemente cómico, como de opereta) que detiene las riendas de un poder ilimitado desde hace más de 15 años y le subió a la cabeza. Dentro de la Rusia que ayudó a levantar después de la caída del comunismo y el caos causado por el desmembramiento de la URSS logró la hazaña de disfrazar su control férreo del país con un semejo de democracia: prensa amordazada, parlamento impotente, oposición intimidada, elecciones amañadas y el sueño de recuperar para su país el imperio perdido. Tarea difícil pero que su ego nunca descartó. Y de allí deriva el comportamiento brutal que le conocemos y la imposibilidad de aceptar los anhelos de independencia total de Ucrania y otros países del Este de Europa. Por otra parte su idea de revivir la Guerra Fría parece irrealizable -aunque peligrosa- a ojos de los expertos. Ellos consideran que Rusia no tiene la capacidad de librarla. En especial porque ya no es una superpotencia en condición de enfrentar a los ricos y poderosos. Es incluso un país con grandes dificultades económicas, casi tercermundista. Vende hidrocarburos y armas -sin duda muy solicitados- y vodka y caviar... Pero carece de la alta tecnología que hoy en día asegura el futuro y el progreso y por lo tanto no puede competir en calidad de superpotencia. El mundo bipolar de la Guerra Fría y la política del ‘Brinkmanship’ (presionar hasta que el contendor retroceda, pero sin llegar a una guerra apocalíptica para todos) que la caracterizó, desaparecieron; ahora se rige por políticas y reglas de juego diferentes. Entonces, ¿cómo imponerse sin los medios necesarios de una superpotencia? Putin cree poder hacerlo amigándose con los peores gobiernos del Planeta: Irán, Siria de Bashar el Assad, Corea del Norte, los chavistas de Venezuela, etc. Y siempre en contra de Estados Unidos, cuyo modelo social detesta. Es más: se comenta que en estos momentos lo desvela la idea (improbable) que Irán y Estados Unidos lleguen a un acuerdo sobre lo nuclear. En tal caso Irán se alejaría de Moscú y se acercaría a Estados Unidos y Putin, el paria, perdería a Irán, su aliado más preciado que le facilitó entrada en Siria, Libano, Iraq y otros y que también puede perder, para quedarse aún más solo y quizás, por no tener nada que perder más peligroso...

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