“¡No puedo respirar!”

Diciembre 05, 2014 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

“¡No puedo respirar!”, gritó (11 veces) el ciudadano negro norteamericano Eric Garner de 43 años cuando a mediados de julio pasado fue arrestado por un cuerpo de policías (por vender cigarrillos de contrabando) en Nueva York y uno de los policías, Daniel Pantaleo, le aplicó una llave de estrangulamiento (prohibida por ley en este caso) para sujetarlo; lo asfixió y mató. El miércoles un gran Jurado en Staten Island absolvió a Pantaleo de toda culpa en el suceso con el argumento que solo había recurrido a una llave de “reducción” para controlar a Garner quien se resistía y que la muerte se debió a la mala salud del arrestado. Ante el veredicto (será apelado según informan) la comunidad negra neyorkina se movilizó en multitudinarias manifestaciones de protestas pacíficas, coreando la fatídica frase “¡no puedo respirar!” y otras consignas como “¡Manos arriba, no dispares!”, muy dicientes del sentimiento de frustración y dolor que los embarga en estos momentos.Los negros en los Estados Unidos se sienten discriminados, injustamente maltratados y abusados por el sistema de seguridad del país. Más aún porque el caso Garner viene a añadirse a otros similares en el pasado. El más reciente ocurrió hace a penas una semana en Fergusson (Misuri) cuando otro Gran Jurado también absolvió a un policía blanco quien disparó contra el adolescente negro desarmado Michael Brown y lo mató en el mes de agosto. En Fergusson las manifestaciones fueron más violentas que en Nueva York y marcadas por desmanes de todo tipo como robos, ataques a instituciones públicas y privadas. A raíz de los trágicos sucesos, los norteamericanos, blancos y negros, se muestran consternados. ¿Qué le está pasando a su grandioso país considerado la cuna de las libertades y cuyo sistema se enorgullece de una sociedad de “ciudadanos iguales en todos los sentidos”, con la garantía para todos de tener acceso a la Justicia, en el que pueden manifestar a su antojo, expresarse pacíficamente sin restricciones, publicar sus reivindicaciones en los medios independientes, participar en todas las actividades políticas y cívicas y finalmente poder plasmar sus logros de emancipación e igualdad al elegir el primer presidente negro de los Estados Unidos? Pero otra vez -en Fergusson, Staten Island y otros- la triste realidad se impone para demostrar que todavía hay mucho que hacer en la senda de la reconciliación racial y social. Los norteamericanos negros siguen convencidos que la justicia en su país los discrimina y los castiga con mayor severidad. El sociólogo Michael Eric Dyson (Universidad de Georgetown) cuenta que nadie puede imaginar el miedo en el corazón de un negro cuando un policía se acerca para reclamarle la más leve infracción. Sabe que cualquier gesto o palabra equívocos le pueden ser fatales. Que el ‘Melting Pot’ tan aclamado e imitado sigue siendo una ilusión. Y que la fractura racial sigue minando la vida y el corazón de los norteamericanos. La desconfianza y los prejuicios persisten entre blancos y negros a pesar de los inmensos esfuerzos para erradicarlos. Muchos blancos consideran a los negros “peligrosos”, “violentos”, “ignorantes”, “insumisos” o “irrespetuosos de las leyes”. Y muchos negros creen que los blancos están “llenos de odio y sospechas en su contra” y “siempre buscando pretextos para aislarlos o matarlos”.¿De dónde viene la intolerancia y la confrontación racial? Los expertos explican que la cultura, la experiencia, los miedos y las fantasías alteran la evaluación de personas y situaciones ajenas. Es la ignorancia del “otro” que inspira la desconfianza y es humana. Pero hay que combatirla ya que se puede traducir en racismo y llevar a conductas crueles e inhumanas. Y su único antídoto es el conocimiento y el reconocimiento mutuo.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad