¿Mónica rehabilitada?

¿Mónica rehabilitada?

Marzo 22, 2018 - 11:35 p.m. Por: Liliane de Levy

La apodaron “reina de la felación”, “la muchacha del vestido azul manchado”, “la perversa muchacha de la boina”... La calificaron de narcisista, lunática, aprovechada, además de fea y gorda… La arrastraron en el fango. Ella es Mónica Lewinsky aquella joven estudiante que en 1995 y a los 21 años de edad consiguió un trabajo no remunerado de interna en la Casa Blanca y se relacionó sexualmente (para ella, sentimentalmente) con el presidente Bill Clinton. La relación duró hasta 1998 y terminó en medio de un escándalo sin precedente que colocó a Clinton al borde del ‘impeachment' o la cesación de sus funciones y rebasó las fronteras de Estados Unidos para extenderse a todo el mundo.

Entretanto, el presidente mintió bajo juramento al afirmar que nunca tuvo relaciones sexuales con “esta mujer” y no lo acusaron de perjurio; apareció el ‘vestido azul’ manchado de esperma del presidente para comprobar lo contrario; Hillary Clinton minimizó las culpas de su marido y responsabilizó a Mónica de lo ocurrido y las líderes feministas de la época estuvieron ‘inexistentes’. Desde entonces Mónica vivió humillada y callada con escasos momentos de visibilidad para defenderse de la imagen negativa que le fabricaron.

Fue así como colaboró con un libro sobre su ‘affaire’ con Bill Clinton y dio una entrevista a la famosa periodista Barbara Walters con las mismas intenciones. También escribió un artículo en la revista Vanity Fair sobre lo que ella considera ‘la cultura de la humillación’ que se apoderó de Estados Unidos y el mundo, y de la que fueron víctimas ella y su familia durante años, llevada a extremos enfermizos en el Internet y las redes sociales.

También se armó de valor para aparecer en un programa de televisión de HBO (‘Mónica Lewinsky en blanco y negro’) en el que se sometió a la crueldad de una audiencia joven que se burló descaradamente de todo lo que ella les quiso comunicar. Por eso y durante años Mónica prefirió la reclusión, viajando, trabajando en múltiples oficios y estudiando. En el 2005 terminó una maestría en sicología social y trató de rehacer discretamente su vida aunque en cada uno de sus logros, incluso los más modestos, la acusaron de querer ‘capitalizar sobre su notoriedad’.

Sin embargo y a pesar de su amargura y desilusión de un mundo que ella considera injusto, Mónica Lewinsky acaba de reaparecer a la luz pública. Después de 20 años se proyecta ya no como una celebridad del escándalo y las malas conductas sexuales sino como una abogada y defensora de los derechos de la mujer, apoyada en su historia de sufrimiento y persecución y su legado. Afiliada desde el 2017 en los movimientos #MeToo y #Time’sUp, Mónica se siente más protegida gracias a la solidaridad de sus compañeras militantes quienes la acogieron en su seno, a pesar de que su caso no es de violación o de acoso sexual como lo pide el reglamento.

Ella lo explica en un nuevo y muy reciente artículo publicado en Vanity Fair a principios de este año ya que su caso con Bill Clinton fue de ‘abuso de poder’, igualmente dañino y traumatizante. Escribe : “Mi jefe abusó de mí sin duda alguna, aunque nuestra relación fue de consentimiento mutuo. El ‘abuso’ sucedió después, cuando me convirtió en chivo expiatorio para defender su poderosa posición política... A los 21 años me enamoré de mi jefe, el hombre más poderoso del planeta. Era 27 años mayor con suficiente experiencia de vida para entender (mejor que yo) cuál sería la conducta sexual apropiada. Él estaba en la cima de su carrera y yo en mi primer empleo fuera de la universidad… Ahora pienso que, en estas circunstancias, la noción del consentimiento mutuo es discutible”.

A los 44 años de edad Mónica reaparece más segura y preparada para sus nuevos objetivos. Que son: “Enterrar la boina, quemar el vestido manchado y seguir adelante”. Le deseo suerte.

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