La tentación fascista

Diciembre 18, 2015 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

Los horrendos atentados terroristas que rgolpearon París y San Bernardino (California) hirieron el corazón de los franceses y norteamericanos y afectaron su forma de pensar la política. Sin todavía aceptar o comprender la tragedia no saben cómo reaccionar y lo hacen de mala manera. La violencia enceguece, genera paranoia y es lo que se palpa en el comportamiento francés y en el norteamericano a la hora de buscar herramientas para responder a la agresión. Comencemos con Estados Unidos a la luz de una campaña electoral presidencial que culminará en aproximadamente un año. Por un lado está el Partido Demócrata con una candidata única (los otros son irrelevantes) en la persona de Hillary Clinton; ella participó activamente en la actual administración Obama y sigue su mismo camino. Por el otro encontramos una multitud de candidatos republicanos que rivalizan en ideas y proyectos para conquistar los votos de un país en estado de confusión y shock emocional. En este grupo se destaca el billonario Donald Trump, y no tanto por su lucidez política (no la tiene) sino por sus salidas de tono, su lenguaje nada ‘políticamente correcto’, sus bravuconadas cuando habla de terrorismo o inmigración, sus insultos a sus contendores, sus muecas, sus desafíos contradicciones y bufonadas. En otras palabras Trump ofrece un inusual y divertido show que atrae a multitudes y que hasta ahora nadie tomaba en serio. Se pensaba que así como subía en los sondeos, bajaría de repente para darle cabida a la lógica y la razón. Pero con el paso del tiempo y al ver que la cuota de adherantes a Trump no merma y que, al contrario, se sostiene e incluso aumenta, su éxito comienza a inquietar. Más grave aún, ahora sus adversarios electorales tratan de imitarlo, endureciendo sus posiciones respecto a los temas de terrorismo e inmigración y debatiendo ideas absurdas como la de vetar a todos los musulmanes la entrada a los Estados Unidos, o castigar a las familias de los terroristas, o frenar la inmigración de manera drástica, o desafiar a Putin sobre el terreno en Siria... Todos al igual que Trump juran “recuperar al país” y “devolverle su grandeza perdida por culpa de los demócratas y Obama”. En otras palabras en la política norteamericana se debaten abiertamente ideas y acciones que otrora se consideraban vergonzosas, ultrajantes, discriminatorias e indebidas en la extraordinaria democracia que Estados Unidos representa para el mundo. Ideas y acciones que se pueden calificar de “fascistas”. Y reprochables por donde las miran o las quieren justificar.En Francia sucede algo similar con el ascenso asombroso del partido de extrema derecha del Frente Nacional (FN) de Marine Le Pen, hija de su fundador Jean Marie Le Pen. Mediante una pelea -real o fingida- con su padre que se extralimita en declaraciones poco apreciadas por la opinión y le hacían daño al partido. Marine trató de moderar su lenguaje y suavizar su imagen. Y en parte lo logró. Aunque el FN bajó su mando sigue siendo el mismo partido de siempre: xenófobo, chauvinista, antimusulmán, antisemita, anti- Europa, anti -Acuerdo Schengen de fronteras abiertas, antiinmigración... Pero por culpa de los atentados terroristas atrae más simpatizantes que nunca. En la primera vuelta de las elecciones regionales contabilizó siete millones de votos y se perfiló como seguro triunfador. Felizmente en la segunda vuelta los franceses recapacitaron y el FN perdió en todas las trece regiones de Francia. Pero la amenaza fascista persiste: fuerte del apoyo recibido en la primera vuelta regional, Marine le Pen se prepara para la presidencial del 2017. Y dadas las circunstancias hay quienes apuestan sobre su posibilidad de ganar. ¡La pesadilla!

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