La revolución de los niños

La revolución de los niños

Febrero 22, 2018 - 11:35 p.m. Por: Liliane de Levy

En este momento los niños tienen la palabra en Estados Unidos. Después de la masacre en una escuela secundaria de la ciudad de Parkland en Florida que arrojó el saldo de 17 muertos, en su mayoría adolescentes entre los 14 y 18 años, a manos de un excompañero desequilibrado de 19 años, armado de un fusil de alto calibre (el AR -15) que había adquirido legalmente él mismo, los sobrevivientes de la tragedia decidieron actuar. Masivamente.

De manera espontánea se encontraron respaldados por miles de simpatizantes igualmente jóvenes y juntos marcharon hacia Tallahassee, la capital floridiana y hacia Washington a exigirles a los políticos considerar la opción de una reglamentación ultra severa vis -a- vis del porte de armas en el país y que aparentemente la Constitución todavía sustenta en su forma original. Porque los tiempos han cambiado, las armas se han sofisticado y la motivación de andar armados no son las mismas que cuando la Constitución las promulgó en su segundo mandamiento. Y hoy en día los escolares se cuentan entre sus más inocentes víctimas.

Cargando carteles que expresan sus anhelos y gritando sus reclamos en forma desesperada, su mensaje se resume en fórmulas como: “Nunca más”, “Escuche a los estudiantes, ellos son el blanco”, “¡Míreme en los ojos y conteste!”, “Juntos lucharemos!”, “Nuestro derecho a la vida vs. su derecho a portar armas”, “Queremos cambio”, “No más armas”, “¡Pare la violencia armada, ahora!”. Pero lo más conmovedor fueron quizás los enfrentamientos directos entre víctimas y políticos.

En la Casa Blanca se reunieron niños sobrevivientes de la tragedia y padres de niños sacrificados con el presidente Donald Trump, y se vivieron momentos dolorosos. El estudiante Samuel Zeif cuyo mejor amigo murió en la balacera pregunto entre sollozos: “Yo no entiendo, un día después de cumplir 18 años me dicen que mi mejor amigo se fue. Y no entiendo por qué puedo entrar en un almacén y comprar un arma de guerra, un AR-15… ¿Por qué no lo prohibieron después de Colombine y Sandy Hook (otras matanzas en escuelas)? Y añadió: “Yo respeto plenamente el segundo mandamiento de la Constitución, ¡pero estas no son armas de defensa, son armas de guerra!”.

En esta misma reunión con el Presidente habló también Andrew Pollack, el padre de la quinceañera Meadow que murió en la masacre. Con voz quebrada por el dolor y tratando de contener sus emociones, dijo “Este país le ha fallado a nuestros hijos. No puedo subir a un avión con una botellita de agua pero un animal puede entrar en una escuela y matar a nuestros hijos. Después de la primera masacre, esto tenía que quedar arreglado. ¡Estoy destrozado! Mi hija, mi bella hija, no volveré a verla jamás”.

Otro padre de un niño que salió ileso de la tragedia agradeció su buena fortuna pero dijo: “No estoy aquí para hacer política. Es un problema humano. La gente está muriendo y tenemos que actuar. Si un muchacho de menos de 21 años no puede comprar una cerveza, tampoco se le puede permitir comprar un fusil. Es de sentido común”. El presidente escuchó silencioso y sin duda muy conmovido. Y, él, que nunca da su brazo a torcer prometió reconsiderar políticas obsoletas que el Partido Republicano apoya alegando que son constitucionales.

De repente la voluntad de los escolares de imponer cambios sobre el porte de armas está inclinando la opinión estadounidense hacia la dirección correcta de la supervisión y la prohibición. Y se traduce en un movimiento revolucionario ya respaldado por más de 18 mil miembros en el grupo ‘#NeverAgain’ que hacen sus donaciones en la cuenta recientemente creada ‘GoFundMe’. Ya disponen de más de 3,5 millones de dólares (y va en rápido aumento) para organizar manifestaciones de protestas como ‘La marcha por nuestras vidas’, programada para el próximo 24 de marzo y promete ser multitudinaria.

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