La política es una farsa

Octubre 11, 2013 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

Hassan Rouhani de Irán es un bonachón que solo quiere paz; Bashar el Assad de Siria ama la democracia, la laicidad y los valores occidentales en una región plagada de extremismos; Vladimir Putín de Rusia, candidato por sus admiradores al Nobel de la Paz es el abanderado de la libre expresión y del pacifismo... Estos ejemplos y muchos más llevan a pensar que el mundo de la política es un teatro del Absurdo o una farsa donde todo es mentira, apariencias e intereses creados en detrimento de la verdad. Confrontados a esta realidad, vale la pena tratar de comprenderla.Comencemos con Irán donde acaban de elegir como nuevo presidente a Hassan Rouhani, el único candidato ‘moderado’ de los postulados y aprobados por el Líder Supremo, Ali Khamenei, quien mueve todos los hilos de la política iraní. ¿Moderado Rouhani? Quizás si lo comparan con su antecesor Ahmadinejad y al menos en el tono. En las Naciones Unidas no negó el Holocausto, ni habló de “borrar a Israel del mapa” y propuso reanudar negociaciones sobre el programa nuclear iraní que le ha significado a su país sanciones económicas imposibles de soportar. Además Irán se encuentra aislado por el apoyo que le brinda al criminal régimen sirio de Bashar el Assad y al grupo Hezbollah libanés, señalado como “terrorista” a nivel mundial. De modo que el cambio de tono de Rouhani busca, supuestamente, recuperar amistades perdidas y entablar nuevas colaboraciones aunque el mundo duda de su sinceridad. Y mientras Rouhani sonríe, abraza y conversa con el ‘Gran Satán’, (habló con Obama en lo que constituyó el primer contacto norteamericano-iraní desde 1979) los analistas recuerdan que su hoja de vida muestra que no es el moderado que pretende ser y que estuvo involucrado en atroces atentados terroristas patrocinados por Irán. Por lo tanto su moderación es un engaño pragmático, decidido por su patrón Khamenei para aliviar las sanciones que arruinan a su país y ganar tiempo para completar su programa nuclear. Bashar el Assad de Siria ha desatado una ofensiva de amabilidad y encanto para convencer al mundo de la bondad de su guerra contra sus opositores que ha registrado masacres y cobrado más de 120 mil vidas. También para negar la utilización de armas químicas contra su propia población (en ataque ocurrido el pasado 21 de agosto) cuando -hasta el momento- todas las pruebas evidencian lo contrario. En entrevistas a varios medios Bashar explica su “ideal democrático”, su “tolerancia religiosa”, su respeto por la justicia y sobre todo su disposición a deshacerse del gigantesco arsenal de armas químicas que posee.El Presidente ruso es conocido por su afán de figurar y convertirse en pieza clave de las decisiones mundiales. A la manera de la súperpotencia que fue la URSS y que tanto añora. Para lograrlo se inventó el papel de árbitro capaz de evitar guerras por medio de la diplomacia. Y, aparentemente el mundo lo ha dejado intentarlo ya que es el aliado único de los dictatoriales gobiernos de Irán y Siria; una alianza de ayudas mutuas, para bien y para mal. Estados Unidos y Europa que no son tan ingenuos piensan que si Putín puede ayudar a bajar la tensión en Siria e Irán y evitar el enfrentamiento armado, que lo haga. Ellos utilizan a Putín a sabiendas que al presidente ruso también le conviene ya que sin este nuevo papel, no tendría voz ni voto en una región donde quiere afirmar su presencia. Si logra lo emprendido, muy bien. Si fracasa tendrá que asumir la responsabilidad de su fracaso y entonces los occidentales podrán actuar, sin ataduras, ni complejos. Al fin y al cabo todo es una farsa.

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