La fuerza de la debilidad

Agosto 28, 2015 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

¿Gandi resucitado? Sería una buena cosa. En los últimos días dos incidentes que hicieron noticia demuestran lo que todo el mundo sabe y dice pero no aplica: a la hora de manifestar su inconformidad la violencia no arregla mucho y genera más violencia; en cambio la oposición pacífica logra milagros a favor del débil sobre el más fuerte. El más reciente incidente lo protagonizó el cantante ‘reggae’ Matisyahu, un judío estadounidense que ha ganado premios internacionales y cuyo mensaje siempre buscó “unir, a pesar de la religión, la política y la geografía”. Sin embargo al ser invitado al Festival Rototom Sunsplash en España le notificaron que para participar debía firmar un documento de apoyo a la creación de un Estado Palestino. Una condición que se hizo bajo presión de organizaciones que se dedican a boicotear a Israel. Molesto, Matisyahu rehusó firmar y declaró que para el “fue triste y ofensivo ver que por ser judío, él fuera el único artista obligado a firmar un documento político”. Y calificó la conducta del Festival de antisemita. Cuando el Festival lo desinvitó por no firmar surgió en todo el mundo un formidable movimiento de solidaridad a su favor. Comenzando por el gobierno español que acusó a los responsables del Rototom de atentar a la libertad de expresión y de pensamiento consignados en la Constitución. Siguieron un sinnúmero de periodistas y políticos y una opinión general muy crítica del aspecto antisemita del incidente. Obviamente el Festival reversó su expulsión, reinvitó a Matisyahu y se excusó por haber cedido a la manipulación de anti-israelíes y antisemitas. Y el sábado pasado, ante un público entusiasta el artista -judío estadounidense- Matisyahu enfrentó un centenar de banderas palestinas y algunos abucheos al inicio de su espectáculo, pero al final las 20 mil personas que vinieron a verlo aplaudieron fervorosamente. Importante saber que Matisyahu fue, en algún momento de su vida, muy religioso para luego abandonar la religión. Por eso en Rototom -sin inmutarse por el incidente de su expulsión- interpretó su canción ‘Jerusalem’ que se inspira de la Biblia, con citas de salmos que él conoce bien como “si te olvidara, oh Jeruralem, que se seque mi diestra”; un voto que el judío expresa en momentos importantes de su vida para reafirmar su atadura milenaria y esencial con la ciudad Santa. Moraleja: cantando y hablando de paz y armonía Matisyahu ganó una batalla sobre quienes recurren a boicots y odios para detenerlo. Al mismo tiempo otro incidente alusivo al tema tratado sucedió en Israel donde el palestino Mohammed Allan, estuvo encarcelado por las autoridades bajo la sospecha de pertenecer a la organización ‘Jihad Islámico’ considerada terrorista. Pero resulta que el arresto de Allan, en noviembre 2014, hace parte de la llamada ‘detención administrativa’, una fórmula extrajudicial (controvertida) que permite detener a sospechosos sin inculparlos por un periodo de 6 meses, renovables indefinidamente. Al cumplir el primer plazo la detención de Allan fue renovada y entonces, en junio pasado, el decidió montar una oposición no violenta por su cuenta y emprendió una huelga de hambre que duró dos meses y lo llevó al borde de la muerte. Ante la trágica situación la Corte Suprema de Israel decretó su liberación, sin condición, y enseguida el puso fin a su huelga de hambre y se está recuperando. Cabe señalar que la política de Israel se rige por dos prioridades: la seguridad y la preservación de los valores democráticos. En este caso Israel optó por la segunda. A sabiendas que liberar a un sospechoso puede alentar a que otros prisioneros en su condición sigan su ejemplo y obligan al mismo desenlace. Un riesgo quizás, pero se hizo lo correcto. Y la oposición pacífica volvió a comprobar que funciona.

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