‘La defensa del dragón’

Junio 15, 2017 - 11:35 p.m. Por: Liliane de Levy

Esta es la película colombiana (y opera prima) de Natalia Santa que tuvo el mérito de ser incluida en la sección ‘La Quincena de los Relizadores’ del último Festival de Cine de Cannes. Una modalidad de enorme importancia que este año contó con la participación de realizadores del calibre del francés Bruno Dummont y el israelí Amos Gitai, y que atrae a un gran número de espectadores. Es más, hay quienes prefieren las películas presentadas en la Quincena a las de la Selección Oficial, por razones de identificación y mejor percepción. Fui a verla y me gustó tanto como al público en general. Al final de la proyección me emocionó ver a los asistentes que de pie, colmaron el teatro aplaudiendo con entusiasmo. Un éxito sin duda alguna.

La película, aunque muy colombiana, difiere del cine que se acostumbra tratar en el país. No hay nada de guerrillas, mafia, prostitución, droga, niños abandonados o abusados ni extrema pobreza. Al contrario, es una película amable, compasiva, conciliadora y urbana (muy bogotana). Según la directora habla “del pasado y el futuro, de la amistad, de segundas oportunidades y de la posibilidad de tomar riesgos a cualquier edad, tanto en el amor como en la vida”. Y lo hace por medio del ajedrez y la teoría que le da el título, y de gente madura de clase media, reacia al cambio aunque a ratos, la vida obliga a cambiar. La historia suena aburridora o triste pero no lo es. Contada en torno a tres amigos no muy jóvenes, que a pesar de su trabajo, inteligencia y honestidad, no logran mejorar su situación económica ni poner el debido orden en su vida familiar y emocional. Samuel, el menor de los tres, de 53 años de edad (interpretado por el actor y músico español Gonzalo de Sagarminaga), un brillante ajedrecista que vive de apuestas modestas y de clases particulares a escolares, resignado a una vida solitaria, separado de su esposa y de su hija. Es un hombre decente, como la mayoría del común que no busca aprovecharse de la generosidad de la señora que lo aloja en una pieza arrendada, ni de las mujeres que lo encuentran atractivo. Su única diversión es reunirse con sus dos amigos para comer, chismosear, fumar marihuana y desahogar frustraciones en acaloradas discusiones. Sus conflictos son los propios de la gente mayor que tiene miedo a tomar riesgos y siente la necesidad de estar en control.

Los amigos son un relojero ‘idealista’, un purista aferrado al reloj con cuerda que rechaza al vulgar digital, y que obviamente es incapaz de sostener un negocio obsoleto condenado a desaparecer. El otro es un médico homeópata, aficionado al juego de casinos y deseoso de disimular una relación amosora que considera poco mostrable. La acción de la película se limita a los hogares de los protagonistas pero encuentra su mejor escenario en el tradicional Club Lasker donde se reunen los aficionados al ajedrez. El todo inspirado en fotos de Iván Herrera (esposo de la directora Natalia Santa) quien se especializa en fotografiar Bogotá con sus antiguos cafés, bares, teatros, relojerías y en particular el club de ajedrez. Lugares congelados en el tiempo que siguen funcionando para sus fieles adeptos. Al final de la película los amigos se ven confrontados por jugadas del destino que los obliga a reconstruir sus vidas. Samuel cede ante un ‘flirteo’ con la madre de un alumno; el relojero se asocia con su yerno para montar una relojería moderna, y al médico le toca revelar intimidades que quería ocultar. El todo contado con humor y nostalgia al son de viejos tangos y recuerdos de famosos ajedrecistas del pasado.

‘La defensa del dragón’ llega a los teatros en Colombia en julio. Vale la pena verla y recordar el nombre de su directora, Natalia Santa, que tan bien nos representó en Cannes.

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