La caricatura

Abril 26, 2013 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

En el mundo de la comunicación se sabe con certeza que la caricatura transmite su mensaje mejor que cualquier otra manera de comunicar. No solo por aquello de que “una imagen vale más que mil palabras”, sino porque una caricatura implica arte del dibujo, perspicacia política y social y gran sentido del humor; un talento combinado que no está al alcance de todos.Capté la importancia de la caricatura en la comunicación por allá en los años 60 cuando estando en Israel visité a Víctor Nahmias, un prestigioso amigo periodista de origen egipcio como yo (fue compañero de escuela de mi esposo en El Cairo), quien acababa de publicar un estudio detallado de la situación económica y social egipcia, basado en caricaturas de ‘El Ahram’, el más importante periódico de Egipto. ¿Por qué lo hizo así? Simplemente porque en esta época el régimen dictatorial de Gamal Abd el Nasser practicaba una censura implacable sobre la información egipcia que impedía todo conocimiento sobre lo que pasaba en el país. Pero aún así, la verdad se filtraba a través de la ventana de las caricaturas que burlaban la censura y que mi amigo periodista israelí aprovechó para redactar su informe. El resultado asombró por su exactitud y cuando en 1978 Egipto e Israel firmaron un acuerdo de paz este amigo viajó a Egipto a encontrarse con los caricaturistas que estudió. Cabe señalar que su trabajo fue reconocido por la prensa egipcia como una hazaña digna de destacar (en este entonces las relaciones egipcio-israelíes eran buenas).Me ocupo de los caricaturistas hoy, porque acabo de leer en la revista francesa ‘Courrier International’ un informe interesante sobre los tabúes que encuentran los caricaturistas en el mundo -aún en los países más libres y democráticos- y que obstaculizan su trabajo. Escogí algunos testimonios reveladores.Andre-Philippe Cote de Canadá y Ann Telnais de Estados Unidos se quejan de la creciente influencia de la religión en la plaza pública. Según ello combate valores que ellos buscan defender en relación con el aborto, la homosexualidad, la contracepción, la intervención genética, etc. El caricaturista Ares de Cuba confiesa que en su trabajo no puede atacar frontalmente a los poderosos en el gobierno. Tiene que hacerlo “por la tangente” y resignarse solo a criticar el mal funcionamiento del sistema.En Haití el caricaturista Bousiko dice que su responsabilidad es “sensibilizar a la población” contra la corrupción y aprovechar una libertad nueva para llegar a la gente que en su mayoría no sabe leer y se puede alcanzar por medio de la imagen.En Venezuela la caricaturista Rayma Suprani asegura que “en un país que ha cerrado tres canales de televisión y 32 estaciones de radio, tener opiniones se ha vuelto peligroso”. Galardonada internacionalmente, publica sus caricaturas en ‘El Universal’, aunque sigue perseguida, acusada de racismo y amenazada de cárcel. En Colombia, ‘Courrier International’ destaca a Harold Trujillo alias Chócolo (El Espectador). Él denuncia que “en Colombia sí existe la censura... pero existe algo peor y es la autocensura”. Y explica que lo pueden matar por una caricatura mal recibida. Los temas más peligrosos, según él, tienen que ver con la violencia de género y doméstica contra mujeres y los niños.Bahgory de Egipto, de 81 años de edad, dice que su país entró en la oscuridad total. Michel Kishka de Israel encuentra difícil hacer humor sobre el tema del Holocausto. Rainer Hachfeld de Alemania considera que el mayor tabú para el caricaturista es la Alemania Nazi; todavía no hace reír a nadie...

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