La apuesta diplomática

La apuesta diplomática

Julio 17, 2015 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

A diario los medios nos inundan de relatos y fotos desgarradores sobre atentados, matanzas, agresiones bárbaras sobre civiles indefensos, millones de refugiados, predicadores llenos de odio invitando a perseguir, torturar y decapitar en nombre de su fe. Imágenes que proyectan un mundo caótico, perverso y abandonado a su suerte. Y que, infortunadamente, no mienten. ¿Qué hacer entonces? La respuesta moral y ‘políticamente correcta’ que se les ocurre a los poderosos que toman las decisiones es la diplomacia. Este instrumento loable que invita a hablar, razonar y quizás llegar a un entendimiento antes de pasar al acto violento de la guerra. A veces la diplomacia logra el propósito de neutralizar pasiones y evitar conflictos sangrientos como sucedió cuando Estados Unidos se acercó de China y de la Unión Soviética. Otras veces fracasa rotundamente y conduce a tragedias como sucedió cuando Chamberlain quiso apaciguar a Hitler o, más recientemente, cuando Bill Clinton pensó ablandar a Corea del Norte para que renunciara a sus ambiciones nucleares. A pesar de sus éxitos y fracasos el mundo actual quiere disponer de oportunidades de diplomacia, en vez de caos y destrucción. Tres ejemplos saltan a la vista.El primero es la crisis económica que se debate en Grecia y que después de muchas idas y venidas, convenció a la troika económica compuesta por el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el Banco Europeo Central de la necesidad de evitar el ‘Grexit’ (o salida de Grecia de la zona euro) y una desastrosa reacción en cadena en países europeos tan emproblemados como Grecia. Y entonces salir a ayudar a los griegos a reducir su impagable deuda. Para lograrlo Grecia debe someterse a un cruel sistema de austeridad que no ha dado buenos resultados en el pasado y ha causado sufrimientos. Y todo por culpa de los irresponsables gobernantes griegos que se endeudaron sin calcular. Y de la irresponsabilidad de sus acreedores que les prestaron sin las garantías necesarias de que, algún día, puedan responder por lo que tanto deben. Otro ejemplo de diplomacia desesperada lo registra el acuerdo firmado con Irán por un grupo de países occidentales liderados por Estados Unidos con el fin de impedir que lo iraníes adquieran armas atómicas. Un acuerdo decidido y diseñado por Barack Obama cuya intención parece imponer al mundo un modelo ‘amigable’, según sus propios criterios. Sus amigos políticos aplauden pero sus opositores califican su comportamiento de una forma disfrazada de ‘colonialismo’. El acuerdo de Obama impone limitaciones y verificaciones al programa nuclear iraní, capaces de garantizar que por lo menos durante los próximos diez (o quince) años Irán no podrá fabricar la bomba. Es un acuerdo “robusto” según los negociadores franceses no basado en la “confianza” (que no existe) sino en una astuta estrategia diplomática de control, tratando de evitar lo inevitable... A cambio Irán se beneficiará de una liberación de las sanciones económicas que lo agobian y de billones de dólares retenidos como parte de estas sanciones. El acuerdo suscita escepticismo y Obama no lo niega. Su único argumento a favor es que no existe una opción de menor riesgo sobre la mesa de negociaciones.El tercer ejemplo de diplomacia en vez de guerra se vive en Colombia con sus eternas conversaciones con las Farc, que se extienden sin fin... y la esperanza de ver la luz al final de un largo y doloroso túnel.

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