¿Inocentadas?

Septiembre 17, 2010 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

Leo el periódico y creo que adelantaron el Día de los Inocentes. Las noticias parecen inocentadas. La última provino de Cuba cuando Fidel Castro, en entrevista con un medio norteamericano, reconoció que el comunismo ya no es viable, ni siquiera para los mismos cubanos. Rápidamente se quiso retractar diciendo que había sido ‘malinterpretado’. Pero en el fondo todo parece fríamente calculado: Castro sabe que Cuba está en quiebra. Mide la amplitud de la catástrofe a la que llegó por culpa del comunismo y quiere con sus palabras -disfrazadas de lapsus- preparar el terreno para que su hermano Raúl cambie el rumbo económico de la isla, sin mayores obstáculos ideológicos. Y es así como pocos días después de sus declaraciones y dentro de un proceso llamado de ‘actualización’ (y no de ‘reformas’), la Central de Trabajadores de Cuba decidió despedir a 500.000 trabajadores estatales y permitir que la mitad se privaticen. Cuba cuenta con una fuerza laboral de cinco millones de personas de los cuales sólo 143.000 trabajan por su cuenta. Los estatales se han convertido en una carga insoportable mientras que los pocos privados progresan y ayudan a la economía. Para su recuperación y el afán de “seguir avanzando en la construcción del socialismo”, la isla cubana de los hermanos Castro escogió la opción… ¡capitalista! ¿Es una inocentada?Otras noticias sorprendentes llegan del Medio Oriente donde israelíes y palestinos realizan una segunda ronda de negociaciones de paz, bajo el patrocinio de EE.UU y con el apoyo de árabes moderados como Egipto y Jordania. La segunda ronda resultó más alentadora que la primera realizada en Washington en medio del pesimismo general. Esta vez, en Sharam el Sheikh (Egipto) se perciben señales de sincera buena voluntad entre los participantes. Tuvieron un buen comienzo con un artículo del presidente egipcio Hosni Mubarak en el New York Times en el que denunció todos los extremismos que se registran en el Medio Oriente y respaldó con vehemencia la solución al conflicto palestino-israelí, bajo la fórmula de dos estados viviendo en paz y seguridad. Luego el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, sorprendió cuando ‘empajo’ al presidente iraní Mahmud Ahmadinejad por entrometerse en los asuntos palestinos; le recordó que se robó las elecciones en su país y ni siquiera puede representar a su pueblo. También lo culpó de dividir a los palestinos por respaldar a Hamas, un grupo que si bien llego al poder en Gaza con elecciones legales, se sostuvo en su puesto tras un golpe de estado contra sus opositores de Fatah que expulsó, a sangre y fuego. Finalmente Abbas acusó a Hamas de defender los intereses iraníes por encima de los palestinos. Tanta valor para decir verdades sorprendió de parte de Abbas, el ‘tímido’ de siempre. Pero la sorpresa mayor la da el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu quien muestra un entusiasmo inusitado en las negociaciones de paz. De repente parece querer sinceramente cambiar de rumbo político al comprometerse en un proceso que requiere grandes sacrificios. En primer lugar se muestra tentado a prorrogar la moratoria en el congelamiento de los asentamientos; aunque sobre este punto actúa bajo presiones enormes de parte de los colonos y de sus copartidarios del Likud. Luego modificó su discurso: ahora habla de “Orilla Occidental” cuando se refiere a los territorios palestinos en vez de “Judea y Samaria”, el término bíblico que solía utilizar. Y en una reunión de trabajo llamó a Abbas “mi socio para la paz”, después de haberlo tildado de “débil” y “no confiable”.

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