Impotencia de una superpotencia

Agosto 06, 2010 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

Había sucedido en Vietnam, se vive en Irak, desde el comienzo de la guerra en marzo del 2003, y se repite en Afganistán donde Estados Unidos vuelve a exhibir el espectáculo de su absoluta impotencia en su guerra contra el terrorismo y los talibanes. Una guerra que lleva más de nueve años y cada día se vuelve más costosa en vidas humanas y dinero, y ya ni siquiera cuenta con el apoyo de la opinión norteamericana.Es lo que claramente resaltó hace pocos días en la Cámara de Representantes en Washington, el comportamiento del presidente Obama cuando tuvo que recurrir a la ayuda de sus opositores republicanos para conseguir los U$33 billones que necesita inyectar a la guerra en Afganistán y a su estrategia de ‘contrainsurgencia’. La fórmula sonó ‘genial’ en un bellísimo discurso que pronunció en West Point, en plena campaña electoral, pero ahora en la práctica resulta ingenua y ajena a la realidad. Su meta: lograr que el pueblo afgano tome partido contra los talibanes y ayude a derrotarlos. Pero los afganos dudan y temen hacerlo porque creen que tarde o temprano Estados Unidos y los demás aliados se irán del país y, de inmediato, los talibanes saldrán de sus cuevas para reemplazarlos en el poder y vengarse de quienes colaboraron en su contra. Lo mismo sucede con el vecino Pakistán, un país musulmán dotado de un arsenal nuclear, que alimenta el doble juego de ser a la vez aliado de Washington y la Otan, pero también próximo de los talibanes con los cuales sostiene una larga relación. Las fugas masivas de centenares de miles de documentos militares estadounidenses (en Wikileaks) revelaron los lazos que todavía unen los servicios de inteligencia de Islamabad (ISI) con los islamistas pashtún o talibanes. Pero a pesar del pesimismo que la guerra afgana genera, el presidente Obama acaba de lanzar una poderosa ofensiva militar a proximidad de la ciudad de Kandahar, un terreno considerado el cuartel general de los talibanes. Se cree que el resultado de dicha ofensiva determinará el futuro de la guerra en Afganistán. Si Estados Unidos gana, recuperará la confianza del pueblo afgano en detrimento de los talibanes y reforzará la posibilidad de derrotarlos. Si fracasa, tendrá que reconocer el desastre y explicárselo al mundo. Entretanto, los pronósticos de los expertos no favorecen a Estados Unidos. Dicen que el ‘tiempo’ está de parte de los talibanes. Ellos no tienen prisa: atacan, se esconden durante meses, esperan el momento oportuno y vuelven a surgir. En cambio los norteamericanos están apresurados, cansados y se quieren ir a casa cuanto antes. En estas condiciones no pueden ganar. Entonces ¿Qué hacer? La solución, según los expertos, está en negociar con los talibanes y reconciliarse con ellos para llegar a acuerdos que mermen sus afanes islamistas. Pero aun así, el problema no quedaría arreglado ya que en Afganistán existen múltiples grupos étnicos -los Tadjik, los Hazara, los uzbek- que se odian entre sí y todos quieren el poder. Y la salida de los aliados de la Otan abonaría el terreno para una guerra civil...

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