Haití: a arreglar cuentas

Abril 15, 2011 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

Después de meses de trabas, mañana asumirá la Presidencia de Haití el popular cantante Michel Martelly, de 50 años de edad. Ganó sobrado con 68% de votos a su favor en elecciones que en noviembre pasado comenzaron muy cuestionadas e incluso anuladas para finalmente quedar corregidas, gracias a la intervención internacional. La tarea que le espera tiene que ver con la reconstrucción de un país que aún no se recupera del terrible terremoto de hace más de un año y que cobró la vida a más de 300 mil haitianos, seguido de una epidemia de cólera que mató a casi cinco mil. Y una pobreza crónica de muchas décadas.Sabiduría y energía necesitará Martelly -apodado por sus fans ‘Sweet Micky’ y ‘Tet Kale’ (que en creole quiere decir cabeza calva)- para cumplir con su misión. Y es que la corrupción carcome a Haití de la manera más cruel. Para la muestra un botón. Se sabe que después del terremoto el mundo se movilizó para salvar a Haití y miles de millones de dólares se recogieron para hacerlo. Yo estaba en los Estados Unidos cuando ocurrió el siniestro y recuerdo cómo todos y cada uno de los norteamericanos colaboraron. No hubo una empresa, un obrero, una ama de casa, un estudiante, que no haya donado dinero para Haití. Y en el resto del mundo fue igual. Los expertos calculan que Estados Unidos donó unos dos mil millones de dólares y que los demás países recogieron más de 10 mil millones. Son sumas enormes, sin embargo, hasta la fecha no se ven. Después del tan destructivo y asesino terremoto más de un millón de haitianos todavía viven en las calles o en carpas donadas por organizaciones de caridad. Los escombros siguen amontonados y su recogida -a mano- resulta demasiado lenta. La suciedad y la falta de atención médica desataron la epidemia de cólera. Y aún así, de los miles de millones de dólares donados, nadie sabe nada y nadie rinde cuentas. Una comisión para informar sobre el dinero nombrada por los Estados Unidos y encabezada por los ex presidentes Clinton y Bush (hijo) tampoco aporta claridad. A las preguntas de la prensa Bush confesó que “no sabía” dónde está. A su vez, Clinton responde con evasivas. Otras personalidades involucradas en el manejo de estos fondos explican que se encuentran “retenidos” o “protegidos”, por miedo a la corrupción en Haití y también a la burocracia que caracteriza a las organizaciones caritativas. En conclusión, el dinero no llegó a su destino y Haití sigue padeciendo de todos los males del planeta. Sin embargo, justo después del terremoto y cuando las donaciones comenzaron a fluir, volvieron a Haití ex dictadores exiliados y repudiados por su pueblos por ser responsables de su miseria. El primero fue Jean Claude Duvalier quien apareció con la abierta intención de gerenciar la ayuda destinada a Haití. Por fortuna los haitianos no lo atendieron y rápidamente se fue. Luego llego Jean Bertrand Aristide, después de siete años en el exterior, con la intención de influir en las elecciones. Tampoco lo logró. Definitivamente los haitianos le dijeron “no” a los políticos tradicionales y ahora quieren que el cantante Michel Martelly –a quien aman- recobre el dinero que es suyo y los saque de pobres. ¡Ojalá!

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