Elecciones y antidemocracia

Junio 20, 2014 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

Colombia celebró elecciones presidenciales muy reñidas; confirmaron que nuestra democracia (pese a sus fallas) sigue sólida y funciona. Lo demuestran sus resultados: 50,9% por el ganador Juan Manuel Santos y 45% por su contendor Óscar Iván Zuluaga. Pocos días antes y en condiciones diferentes se llevaron a cabo elecciones presidenciales en otros países cuyos desarrollos y resultados muestran claramente su inutilidad y el desconocimiento total del ideal democrático que supuestamente las inspiraron. Varios ejemplos me vienen a la mente pero quizás los más vistosos y mediatizados fueron los sirios y egipcios. Veamos.El día 3 de junio pasado los sirios fueron llamados a elegir su presidente en la primera contienda electoral en más de medio siglo. El dictador Hafez el Assad y su hijo Bashar eran ratificados por referendo. Pero las elecciones calificadas de “farsa” por la comunidad internacional impusieron a Bashar y “toleraron” dos contendores complacientes para darles un semejo de corrección. Y se lanzó una ‘campana’ electoral sui generis: sin debates, sin programa y sin la menor duda sobre su desenlace. Además con una participación limitada de los sirios que viven en las zonas del país controladas por el régimen (Damasco, Homs, Hama, parte de Deraa, la costa que alberga la comunidad alawita a la cual pertenece el presidente...). Las zonas controladas por los insurgentes islamistas no votaron. Tampoco los 2,5 millones de refugiados ni los 6 millones de desplazados. El todo bajo la presión de tres largos años de guerra civil marcada de violencias atroces, masacres y utilización de armas químicas -y el balance de 200 mil personas muertas. Bashar el Assad ganó obviamente las elecciones, con el resultado absurdo pero propio de los dictadores de 88,7% a su favor y para quedarse en el poder por siete años más. ¿Para qué sirvieron las elecciones? Los sirios que votaron contestan: “Si Bashar cae brutalmente tendremos años de caos en manos de los islamistas radicales que son peores que él. No teníamos alternativas”.Egipto protagonizó otra ‘farsa’ en torno a elecciones presidenciales el pasado 26, 27 y 28 de mayo con el resultado aún más pretencioso (o vergonzoso) a favor del mariscal Abdel Fattah al Sissi de 96,2% contra un contendor resignado. La victoria de Al Sissi (59 años de edad) no sorprendió. El ya había tomado el control cuando en julio del 2013 el presidente islamista Mohamed Morsi fue destituido de sus funciones y encarcelado, por voluntad del pueblo que lo veto en forma multitudinaria. Y desde el primer momento Sissi decidió restablecer el ‘orden’ que el pueblo reclamaba. Fue así que en los últimos once meses más de 40 mil personas fueron arrestadas acusadas de “terrorismo”, incluyendo a miembros y simpatizantes de los Hermanos Musulmanes pero también a disidentes de izquierda muy activos a la hora de protestar contra Hosni Mubarak y Morsi. La única sombra en las elecciones triunfales de Al Sissi fue la baja participación ciudadana que el gobierno trato de disimular al extender por un tercer día la duración de los sufragios para recoger más votos y afirmar su legitimidad. La abstención fue interpretada como una resistencia silenciosa a la manera dictatorial de gobernar de Al Sissi .Y acompañada de un mensaje que le dice claramente: te elegimos porque estamos cansados y queremos retornar a una vida normal. Y no teníamos alternativas...”.Y la democracia en todo esto: no existe ni existirá en décadas. Para estos desdichados pueblos se ha convertido en sueño inalcanzable, generador de caos y sufrimientos.

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