El zar y el sultán

El zar y el sultán

Agosto 15, 2014 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

Recep Tayyip Erdogan se convirtió en presidente todopoderoso de Turquía al ganar las elecciones con un sólido 56,4 %. Y después de ocupar el cargo de primer ministro -también todopoderoso- durante 12 años; suficiente para diseñar una Presidencia a su medida y antojo. El fenómeno semeja al del actual presidente de Rusia, Vladimir Putin, quien (como se sabe) saltó de primer ministro a presidente un par de veces gracias a maniobras oscuras que terminaron dándole un enorme poder. La figura, el estilo y el recorrido político de Erdogan en Turquía recuerdan a Vladimir Putin en Rusia y aunque pertenecen a sistemas y culturas diferentes da la impresión que se vigilan y se copian.En lo personal se parecen. Tienen casi la misma edad: Putin 64 años y Erdogan 62. Siempre muy serios, agresivos, coléricos. Jamás se ríen y cuando lo hacen su risa luce falsa. Odian las libertades y las disidencias y controlan la opinión y la prensa con furia. No les tiembla la mano para perseguir y castigar a sus opositores y no dan su brazo a torcer antes reclamos o manifestaciones, son autoritarios de tiempo completo y no lo disimulan. Además de machistas y homófobos declarados. En lo político también se parecen. Putin irrumpió en la escena rusa a finales de los años 90 como Primer Ministro y con la determinación de defender los valores de la antigua ortodoxia cultural rusa y recuperar el perdido poder soviético. Se comporta como un ‘Zar’ (así lo apodó la revista Time) arrogante y se las arregla para tener voz y voto en los más importantes asuntos mundiales. Erdogan llegó a la escena política de Turquía también a finales de los años 90 con la misión de reislamizar a su país y erradicar los legados laicos y prooccidentales de Kemal Ataturk. Añora la era otomana que fue muy influyente en su tiempo y, armado de su ego se proyecta como el ‘Sultán’ de una Turquía en plena renovación y que gracias a su situación geográfica debe actuar como puente entre Occidente y el Medio Oriente.Sin embargo toca no perder de vista que tanto Putin como Erdogan consideran que el modelo que representa Occidente es corrupto y decadente y debe desaparecer. Pero su política occidental difiere por razones de intereses creados. Putin se opone en forma frontal y sin concesiones a todo lo que los occidentales hacen y dicen a la manera de la añorada Unión Soviética y los tiempos de la guerra fría cuando el se desempeñaba como agente de la KGB. Erdogan tiene un comportamiento más ambiguo y sigue deseoso de integrar la Unión Europea. Además Turquía está en Otan y en organizaciones económicas como el G20 que representan enormes ventajas para su país. Frente al Islam -omnipresente en casi todos los conflictos mundiales- Erdogan y Putin tampoco concuerdan. Erdogan apoya agresivamente al Islam sunnita sobre el cual basa su poder y su electorado. Por consiguiente se enemistó con Israel (que hasta su llegada al poder mantenía una alianza comercial y militar muy sólida con Turquía) con el argumento de defender a los palestinos y se asoció con los movimientos ‘jihadistas’ en Siria contra el régimen de Bashar al Assad. También sostuvo a los Hermanos Musulmanes en Egipto que los militares del general Al Sisi desbancaron. Putin, en cambio, es enemigo acérrimo del Islam sunnita extremista que combate en Chechenia pero fiel a su política antioccidental apoya al bloque musulmán shiíta en Siria e Irán y ahora busca conquistar a Egipto, aprovechando la torpe política norteamericana contra Al Sisi.Los aciertos de Putin y Erdogan que explican su popularidad y poder son también los mismos. Tienen que ver con el éxito de una economía liberal que adoptaron desde un principio. Además tanto rusos como turcos consideran a sus líderes ‘eficientes’ y ‘confiables’ y aceptan sacrificar parte de sus libertades a cambio de un mejor nivel de vida.

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