El problema con Netanyahu

Marzo 27, 2015 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

Al primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, nadie lo quiere, pero lo vuelven a elegir. Su partido derechista Likud acaba de ganar las elecciones legislativas con una buena margen de escaños sobre su principal contendor el Partido Laborista (denominado ‘Unión Sionista’) de izquierda y podrá formar una nueva coalición de gobierno (La mitad más uno de los 120 escaños del Parlamento) en el tiempo exigido. Sin embargo la victoria de Netanyahu fue recibida -tanto en el mundo como en el mismo Israel- como una frustración. Lo curioso es que ni siquiera suscitó grandes demostraciones de alegría entre sus mismos partidarios; la recibieron resignados, como una necesidad, para nada agradable. Se aspiraba a un cambio y no se dio. Y por cuarta vez tendremos a Netanyahu para rato, con todo el paquete de provocaciones y comportamientos antipáticos que viene con él.¿Por qué entonces gana las elecciones, una tras otra? ¿Por qué un millón de israelíes le acaban de dar sus votos si en su mayoría confiesan que le tienen fastidio? Y sus pecados son muchos; los medios se los sacan en cara. Comenzando por su personalidad, prepotente y desdeñoso con sus adversarios, lo que no facilita las relaciones. Su tren de vida crea resentimientos; se considera demasiado lujoso en un país que se construyó sobre ideales socialistas. Su política económica luce, en teoría, boyante pero en la práctica es la expresión misma del “capitalismo salvaje” que acentúa las diferencias entre las clases sociales con un puñado de muy ricos y otro de demasiado pobres (21 % de la población); la propiedad raíz está en las nubes y los productos básicos de alimentación carísimos... En materia de seguridad y negociaciones de paz con los palestinos la situación se fue deteriorando y la guerra en Gaza no desbancó a Hamas. Y lo peor de todo es que Netanyahu se puso a pelear con Estados Unidos y con Obama, el aliado más importante y más confiable que Israel tiene en el mundo. Definitivamente su megalomanía le hace perder el sentido de las proporciones. Los israelíes aspiraban a un cambio y no lo consiguieron. Ahora deben acatar el veredicto democrático de las urnas y vivir la realidad. Apabullado por el resultado electoral el escritor israelí Avraham B. Yoshua, un hombre de reconocida tradición izquierdista, escribió una carta abierta a sus hijos adultos para tratar de atenuar sus penas y comprender, con ellos, por qué el país tomó la ruta equivocada. En su carta les dice: “Admitan que la economía es aceptable, que el desempleo bajó y el crecimiento se sostiene. Que en los últimos años Israel conquistó mercados fructuosos en India y China. Que los atentados terroristas disminuyeron y la guerra contra Hamas en Gaza logró -por el momento- frenar las provocaciones dementes de esta organización que en vez de atender las necesidades de su pueblo se dedica a lanzar misiles contra poblaciones israelíes. La Autoridad Palestina sigue colaborando con el Ejército israelí sobre seguridad. En referencia a la decisión de Netanyahu de no ceder territorio ninguno a los palestinos y descartar la opción de dos estados “por razones estratégicas” notaré que el mundo árabe se encuentra inmerso en un estado de nihilismo extremista, de guerra civiles crueles obligando al poderoso Egipto a luchar contra el terrorismo islamista. Israel no puede permitir que tanta inestabilidad se instale en sus fronteras y difícilmente puede, en estas circunstancias, renunciar a territorios en Cisjordania y el Golan. Netanyahu es odioso pero desde 1996 maneja los destinos de este país y el país sigue en pie. Quienes votaron por el pensarán: ¿por qué cambiar por una opción, sin duda más simpática y esperanzadora, pero sin experiencia?”.

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