El patio ignorado

Enero 20, 2012 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

No se quién ni como se maneja la política exterior de los Estados Unidos, pero resulta desconcertante. En relación a Latinoamérica parece nula, sin interés ni rumbo, como si lo que ocurre en el llamado ‘patio trasero’ no importara para nada. Sin embargo, el sentido común sugiere que Latinoamérica no puede ser tan ignorada en Estados Unidos sino, por el contrario, muy presente, una prioridad. Primero por la cercanía territorial, y luego por los inmigrantes latinos que llegan a Estados Unidos en forma masiva (y en gran parte ilegal, con los problemas que ocasionan) y cuyo número depende directamente del estado económico de su país de origen. En estos momentos de sucesivos debates electorales en preparación de las elecciones presidenciales que se avecinan, tal situación sorprende. Cada día me siento a escuchar pacientemente las declaraciones de los distintos candidatos republicanos cuyo ganador enfrentara a Barack Obama en noviembre próximo. Y lo hago con la intención de captar sus puntos de vista sobre el manejo de las relaciones entre Latinoamérica y Estados Unidos pero no encuentro ninguna mención sobre el tema. Ellos opinan sobre Pakistan, Afganistán, Israel, las primaveras árabes, Rusia, China, Europa -y algunas veces México, para referirse a la violencia de los carteles de la droga-, pero no llegué a escuchar a un periodista preguntarles algo importante sobre Latinoamérica. El continente nuestro no existe en el debate electoral de los Estados Unidos, es totalmente ignorado. ¿Cómo interpretar semejante falla? ¿Será que en Estados Unidos toman a Latinoamérica ‘for granted’, como dicen ellos, es decir “en bandeja”, sin la necesidad de hacer ningún esfuerzo para ganar su confianza? Aparentemente es así, y siempre lo fue. Desde que en 1961 el presidente John F. Kennedy elaboró su recordado programa ‘Alianza para el Progreso’ con el fin de crear estabilidad y prosperidad en un continente que podía sentirse tentado de seguir el rumbo marxista que tomó Cuba para salir de su subdesarrollo, nada verdaderamente serio ha hecho Washington para ayudar a Latinoamérica. Algunos intentos como los Tratados de Libre Comercio no suscitan el entusiasmo de los latinoamericanos porque sólo se concretan cuando le convienen a Estados Unidos y nada más .Tomemos como ejemplo el caso colombiano que pese a toda la lealtad dispensada por el gobierno de Álvaro Uribe hacia Washington el Tratado se aprobó cuando Estados Unidos entró en aguda crisis económica y lo necesitó para su propia recuperación.Se sabe que a mediados del próximo mes de abril se llevara a cabo en Cartagena la clásica reunión de ‘Las Américas’ y que el presidente Obama vendrá a liderarla. Allí -y así lo esperamos- podrá proponer planes económicos para aliviar los múltiples problemas económicos de una región todavía muy necesitada. Además le convendría a Washington no desperdiciar la oportunidad de mostrar sus buenas intenciones hacia un continente que esta literalmente perdiendo por culpa de tanta indiferencia. En efecto mientras los norteamericanos se ocupan de recolectar billones para alimentar su exageradamente prolongada (y absurda) campana electoral, en Latinoamérica se ha formando un eje entre dictadores perversos que se ayudan entre si para socavar todos los valores democráticos de la región y eternizarse en el poder mediante el fraude y el engaño más descarado. La reciente gira (apodada ‘del odio a Estados Unido’s) del presidente iraní, Ahmadinejad a Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Cuba cumplió el propósito de consolidar tan lúgubre eje. Mientras en Washington nadie parece preocupado... ¡Inexplicable!

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