El Papa en Cuba

Marzo 30, 2012 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

La reciente película italiana ‘Habemus Papa’ cuenta la historia (imaginada por supuesto) del pánico y el desespero que se apoderaron del sacerdote elegido como nuevo Papa de los católicos al tomar conciencia de la enorme responsabilidad que de repente le corresponde. Entonces huye clandestinamente de los recintos del Vaticano y se encierra en lugares aislados para ordenar sus ideas y recuperar la calma que necesita antes de asumir su difícil tarea. No sé por qué pensé en esta película al observar la visita del papa Benedicto XVI a Cuba, y sobre todo hacerlo desde la ciudad de Miami, donde todos los medios y el público la enfocaron de manera intensa. Quizás porque sentí todo el peso de la responsabilidad papal a través de esta visita y las conmovedoras esperanzas que suscitó.La visita del Papa a Cuba fue resentida en Miami -y Florida en general- como una oportunidad única para que los cubanos muestren al mundo la terrible cara de una dictadura implacable que soportan desde hace más de cinco décadas. Sin hacerse ilusiones exageradas ni subestimar el poder de manipulación del régimen castrista que siempre consigue voltear las situaciones más complicadas a su favor. Lo hace con mano dura y medidas crueles para acallar a la disidencia interna con arrestos e intimidaciones y también al mantener fuera de la isla a los medios considerados ‘adversos’. Por eso las esperanzas de una visita políticamente significativa se concentraron en la voluntad y capacidad del Papa de decir ‘cosas’ que nadie fuera de él puede decir dentro de Cuba. Triste reconocerlo: la oportunidad no fue aprovechada para lograr más apertura y tolerancia para los cubanos.Aunque todo había comenzado bien cuando desde su paso por México, Benedicto XVI declaró que la ideología marxista era caduca. Lo malo es que ya en Cuba sus pronunciamientos relacionados con Derechos Humanos fueron vagos y puramente simbólicos. Obviamente habló de ‘libertad’, ‘verdad’, ‘reconciliacion’, ‘solidaridad’... mientras que los centenares de miles de fieles rezaban fervorosamente para que estas palabras mensajeras fueran más claras y precisas. Y mientras, los poderosos líderes del Gobierno cubano -incluyendo a su jefe Raúl Castro-, sentados en primera fila aplaudían entusiastas, sin sentirse aludidos. Es más, el Papa alabó los cambios económicos que al parecer se registraron en Cuba en materia de muy tímidas privatizaciones y denunció el embargo económico estadounidense que castiga la isla desde hace 50 años y al que el régimen cubano atribuye todos sus fracasos y sus prácticas dictatoriales. Antes de abandonar la isla y dar por terminada su tan esperada visita Benedicto XVI se reunió con Fidel Castro durante 30 largos minutos para bromear y socializar mientras que afuera esperaban las valientes Damas de Blanco por ‘el minuto’ de entrevista solicitada al Papa para expresar su protesta por el inhumano trato a los prisioneros de conciencia que se pudren en las cárceles cubanas.¿Cuál sería el balance de la visita papal a Cuba? Desde el lado espirtual quizás cumplió su cometido, ya que le dio fuerza y valor a los cubanos para seguir aguantando la tragedia de vivir encerrados y amordazados por muchos años más. Desde el lado político, creo que decepcionó, ya que no logró la promesa de más aperturas; al revés, afianzó a los dictadores que ahora quedaron legitimizados ante la opinión mundial.

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