El imposible perdón

El imposible perdón

Diciembre 02, 2016 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

La comunidad cubana de Miami no está de luto por la muerte de Fidel Castro. Todo lo contrario. Está de fiesta y no lo disimula, y con la esperanza que el acontecimiento logre despejar el largo y tortuoso camino de la isla de Cuba hacia una democracia verdadera, con libertades de expresión, de movimiento y de trabajo. Aquella que ellos viven a plenitud en su nueva patria norteamericana y contribuyen a su fortalecimiento por medio de una evidente lealtad. Pero sin jamás olvidar a Cuba ni conseguir sanar la terrible herida en el corazón que produce el exilio y el desarraigo. Por eso, desde el anuncio del fallecimiento de Fidel Castro el viernes pasado, en vez de leer las noticias que trae el periódico (en este caso el Miami Herald) relacionadas con Cuba, prefiero leer las numerosas cartas de los exiliados cubanos, publicadas a diario para comprender mejor su pasado y su presente y su actual comportamiento. Las cartas conmueven por su sinceridad. Decidí traducir una para mis lectores, por considerarla reveladora del inmenso dolor que todavía sienten, después de casi seis décadas de destierro. Su autor se llama José Sánchez y dice así:“Fidel, he estado esperando su deceso durante 57 años. Demoró demasiado. Usted le quitó todo a mi familia como a todos los cubanos. Mi padre, un terrateniente, tuvo que trabajar 14 horas al día recogiendo tomates y trayendo los más verdes a casa porque no teníamos nada que comer. Mi madre trabajó en una lavandería arreglando ropa, por primera vez en su vida. Usted mató a dos tíos míos en Bahía Cochinos, fusiló a miles de personas y otras miles murieron en el mar tratando de escapar de su gran modelo social. Nos quitó todo a todos, haciéndonos iguales, como era su meta; pobres y miserables. Y yo perdí a mi país.“Millones lo vitorearon cuando llegó a La Habana. Y millones huyeron de su gobierno comunista. Usted se empeñó en intervenir en otros países, le dio entrenamiento a miles de militantes comunistas y alabó al Che -un asesino- como el hombre más extraordinario que haya conocido. Usted envió a miles de criminales a Estados Unidos, nuestra nueva patria. Y creó en Cuba un estado represivo que controla y oprime los medios de comunicación, las artes, la comida, la vida misma. Y dejó a Cuba en las ruinas. Siempre se aferró a su modelo original, a su fallida ideología. Consideró que un salario de 40 dólares al mes era suficiente para vivir cuando la revista Forbes declara que usted es uno de los hombres más ricos del mundo y su guardaespaldas asegura que su riqueza es inimaginable. Cualquiera que se atreviera a cuestionarlo era castigado severamente, excluido de todo aspecto de vida, expulsado de su trabajo o universidad -y muchas veces fusilado-. Usted convirtió a Miami en la capital de Sudamérica y a Cuba en un instrumento de la Guerra Fría. Y usted llevó al mundo al borde de una guerra nuclear.“Se supone que yo le tengo que perdonar solo porque Nelson Mandela perdonó a quienes lo encarcelaron por 27 años o porque Cristo dijo que perdonara. Pero mire Fidel, la pregunta que se debe hacer es si Dios en el Cielo -y Él tiene la última palabra- le puede perdonar. Yo no puedo”.La carta resume el pensamiento de los exiliados cubanos que siguen amando y añorando a su país de origen. Llegaron a Estado Unidos, se concentraron en la Florida, formaron una comunidad pujante, trabajadora, involucrada en todos los aspectos de su vida y reconocida como el principal artífice de su impresionante desarrollo. Una comunidad modelo. Comprendo su dolor y resentimiento con Fidel Castro; les arrebató a su país y los desterró. Y no lo merecían.

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