El gran vacío gringo

Noviembre 22, 2013 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

La llamada “maldición del segundo termino” en los Estados Unidos le pegó duro a Barack Obama. Reveló su falta de experiencia para el cargo y su enorme ingenuidad. Fallas aprovechadas por sus adversarios para llenar el vacío que su administración deja, tanto en lo doméstico como internacional. Nadie se ha deleitado más que los republicanos que subrayan a diario la dificultad de Obama a cumplir promesas adquiridas con sus electores o el descalabro del programa de salud (Obamacare) que tanto luchó para imponer. En el campo exterior sucede algo parecido con una Rusia al acecho y sus ganas de recuperar su antigua influencia en varias regiones del mundo. Para no ir más lejos, vemos como Moscú le vende naves de guerra a Nicaragua con la expresa promesa de apoyar a este país en caso de un enfrentamiento territorial con Colombia en el Caribe. Una carta oficial rusa trato de ‘corregir’ la intromisión, sin llegar plenamente a convencer. Y vemos cómo el club de naciones montado por Hugo Chávez se va extendiendo en el continente, en detrimento de los mismos pueblos afectados y de los aliados leales (como Colombia) que Estados Unidos mira con desconcertante indiferencia. También en el resto del mundo y muy especialmente en el Medio Oriente, Obama acumula torpezas y Rusia hace su agosto. Frente a Siria, el presidente norteamericano se quedó de brazos cruzados cuando el régimen de Bashar el Assad utilizó armas químicas contra su propio pueblo. Lo salvó Vladimir Putín de la vergüenza de no reaccionar ante la violación de ‘líneas rojas’ que él mismo había fijado, forzando la mano a Damasco para desmantelar su arsenal de armas químicas. En Egipto también Washington se equivocó al apoyar al gobierno de los Hermanos Musulmanes de Mohamed Morsi contra la voluntad popular que pedía su partida, con la excusa de haber sido electo. Y sin considerar que a lo largo de su corto tiempo de gobierno Morsi violó todas y cada una de las normas constitucionales y democráticas del país y se volvió esencialmente ilegítimo. Cuando Washington castigó a los militares que expulsaron a los Hermanos Musulmanes del poder y quiso quitarles la ayuda que les venía brindando desde hace décadas Rusia tomó ventaja. Vladimir Putín armó viaje a Egipto para reunirse con los lideres militares y facilitarles toda la ayuda requerida, sin poner condiciones ni trabas. Con Israel, aliado por excelencia de Estados Unidos en la región, las relaciones se van deteriorando. Y todo por culpa de Irán cuyo programa nuclear amenaza de manera directa (y abierta) la supervivencia de los israelíes y de manera indirecta a todos los países musulmanes sunitas de la región, como Arabia Saudita, los países del Golfo, Egipto o Jordania. Estados Unidos alega que por vía diplomática se puede llegar a un acuerdo con Irán para que renuncie definitivamente a su programa nuclear. Israel y los países árabes sunitas aseguran que solamente la presión de las sanciones económicas impuestas a Irán pueden doblegar la voluntad de los ayatollah de adquirir un arsenal nuclear. En torno a esta situación se formaron alianzas inusuales, a espaldas de los Estados Unidos. La más sorprendente tiene que ver con el (camuflado) acercamiento de Arabia Saudita e Israel. Al parecer ambos países acordaron colaborar en caso de que Israel se sienta obligado a atacar a Irán para destruir sus instalaciones nucleares. Entretanto, en Ginebra se lleva a cabo la segunda ronda de negociaciones de los 5+1 (cinco miembros del Consejo de Seguridad más Alemania) para negociar con los enviados de Teheran los términos de un acuerdo. Estados Unidos confía que el éxito de tal iniciativa le devolvería la credibilidad perdida. Estaremos pendientes.

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