El enredo ucraniano

El enredo ucraniano

Marzo 14, 2014 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

Descifrar el enredo de la crisis ucraniana no es fácil; trataré de hacerlo de la manera más condensada posible. Todo comenzó en noviembre pasado cuando la población ucraniana se alzó contra el gobierno proruso y en quiebra de su presidente Víktor Yanukovich, acusado de corrupción y el robo de billones de dólares de las arcas públicas. A principios de este año la rebelión se amplificó cuando el Presidente anuló compromisos que le daban a Ucrania la esperanza de integrar la Unión Europea y liberarse del yugo ruso. Fue tal la furia popular que Yanukovich huyó y se escondió por un rato hasta que un buen día reapareció en Rusia que le había dado asilo. Entretanto en Ucrania se eligió un gobierno interino que Occidente -es decir Europa y Estados Unidos- aceptaron sin vacilar; en cambio Rusia lo vetó categóricamente y lo calificó de ilegal. A raíz de estos acontecimientos Moscú, con Vladimir Putin a la cabeza, se dio a la tarea de ‘recuperar’ para Rusia la península de Crimea que es hoy en día ucraniana pero aún sirve como base naval de la flota rusa en el Mar Negro. Crimea fue cedida a Ucrania en 1954 por el presidente soviético Nikita Krushchev en gesto de bueno voluntad. Un regalo que no conllevaba riesgos ya que, en aquel entonces, Ucrania pertenecía a la zona de influencia de la Unión Soviética y sus acciones dependían totalmente del Kremlin. Hoy en día la Unión Soviética no existe, se desmembró, Ucrania se independizó y ahora comete el pecado (a ojos de Rusia) de querer acercarse a Europa. Un propósito inaceptable para los rusos quienes resuelven ‘recuperar’ la península ‘regalada’ años atrás.Ante el estupor mundial por tal iniciativa organizaron un referendo que se llevará a cabo este mismo domingo 16 de marzo para oficializar su anexión de Crimea. Confiados que lo lograrán ya que el 60% de los dos millones de habitantes de Crimea son de origen ruso y lo aprobarán. La población restante que se negaría a la anexión es menor y dividida; la conforman ucranianos de origen (un 25 %) y tártaros (un 10%) que son musulmanes sunitas muy discriminados por los rusos en el pasado y sin ganas de volver a tenerlos como gobernantes. Ante la crisis el mundo se pregunta qué hacer y las opiniones son divididas.Por un lado hay quienes no quieren intervenir para nada y consideran que la crisis ucraniana es un asunto interno. Para ellos la anexión de Crimea por Rusia se basa en argumentos válidos que tienen que ver con la historia misma de la península ya que originalmente fue rusa y dejó de serlo en circunstancias diferentes de las actuales. Ellos apoyan la determinación de los pueblos a escoger a sus gobernantes y el referendo programado actuará en este sentido.Por otro lado hay quienes consideran el envío de tropas rusas a Crimea y la idea de anexarla a Rusia una agresión inaceptable contra un territorio soberano que toca impedir de cualquier manera, después de agotar los medios diplomáticos. El G7, Estados Unidos y la Unión Europea advirtieron que no reconocerán el resultado del referendo del domingo y amenazan con recurrir a sanciones económicas drásticas contra Rusia si Putin sigue con el propósito de apoderarse de Crimea. ¿Por qué la crisis ucraniana y el destino de Crimea nos interesan? Porque su desenlace fijará la pauta de la política de Rusia en el escenario internacional. Comenzando por lo que pasa en Siria e Irán cuyos gobiernos respalda a diferencia de Occidente. Y no olvidar que aquí mismo en Latinoamérica Putin se entromete en Venezuela, Cuba, Bolivia y demás. ¿Acaso no envió armas a Nicaragua y prometió colaborar con el gobierno de este país en caso de enfrentamiento con Colombia por el lío de San Andrés? Para meditar…

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