El arte de la provocación

El arte de la provocación

Septiembre 07, 2017 - 11:35 p.m. Por: Liliane de Levy

El mundo parece haberse equivocado respecto a la personalidad de Kim Jong-un, el joven (33 años) líder del régimen comunista de Corea del Norte. Lo tildó de “sicópata, infantil, loco” y “marioneta” en manos de una camarrilla de la vieja guardia. Y lo trató como un ridículo que no merece ser tomado en serio. La equivocación resultó garrafal al constatarse que mientras analistas y expertos se burlaban, él perseguía imperturbable, una estrategia política diseñada por su padre y su abuelo, perfectamente calibrada para manejar con maestría “el arte de la provocación y la ciencia de la amenaza”. Todo con el claro propósito de convertir su Nación en una potencia nuclear reconocida y respetada y así mantener su dinastía eternamente en el poder. Pero de repente, el mundo sorprendido comenzó a discernir las intenciones y las acciones norcoreanas y evaluar el enorme alcance de su peligrosidad. Para defenderse de su falta de visión los analistas argumentan ahora la evidente dificultad de penetrar en el pensamiento de una sociedad herméticamente cerrada y aislada como esa.

Aunque China que apoya plenamente al régimen en este país, lo conoce y garantiza su supervivencia por intereses propios, habría podido ver y alertar sobre lo que se venía... pero vamos por partes.

En efecto, desde el principio de año Pyongyang ha multiplicado impunemente varios ensayos de misiles balísticos (¿20?) de múltiples alcances, incluyendo el que hace pocos días sobrevoló Japón y sembrando pánico entre su población. El domingo pasado la situación cambió drásticamente y las cosas se volvieron aún más alarmantes. Sucedió cuando a las 12 del día (en punto), el ‘líder supremo’ norcoreano coloca su dedo sobre el botón para liberar una bomba ‘H’ -o de hidrógeno, considerada el arma más poderosa del planeta, diez veces mayor que la que diezmó a Hiroshoma en 1945- dando inicio a otra prueba nuclear de especial importancia en desafiante demostración de los gigantescos progresos realizados por Corea del Norte en la dotación de su arsenal bélico. ¡Y fue la consternación! El acontecimiento ocupó los titulares de grandes medios y generó ondas de pánico e indignación entre la comunidad internacional, muy mal informada y preparada para enfrentarlo. Sobra comentar el estado de angustia que se apoderó de los vecinos Japón y Corea del Sur quienes de inmediato pidieron la intervención de la ONU y la aplicación severa del veto a todos los ensayos balísticos y nucleares. También pidieron ayuda a sus aliados occidentales en Estados Unidos y Europa. El presidente Donald Trump, muy ocupado por el siniestro natural en Texas, reaccionó a su manera ante el desafío norcoreano con una ráfaga de tweets alegando que “los norcoreanos no comprenden sino una sola cosa” -insinuando que es la fuerza- y amenazando con que su país cancelaría todo acuerdo comercial con los aquellos que comercien con Corea del Norte, olvidando quizás que China encabeza esa lista y que para Estados Unidos no hacer negocios con China sería muy perjudicial, casi suicida. Entretanto, este país asiático insiste en calmar los ánimos y defender una opción diplomática para lidiar con el problema norcoreano, aunque el comportamiento de su protegido comienza a fastidiar. Los chinos temen que los desafíos de Kim Jong-un degeneren en una conflagración nuclear a su alrededor y entienden la necesidad de frenarlo. En días pasados accedieron a adoptar sanciones comerciales contra Pyongyang y dicen estar dispuestos a más presiones. Sin embargo, Pekín no quiere debilitar en exceso al líder norcoreano, lo utilizan como el ‘espantapajaros’ contra una posible alianza entre Japón, Corea del Sur y Estados Unidos que sería capaz de vulnerar la ideología comunista de la región.

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