Dos Levy en la noticia

Septiembre 02, 2011 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

En Libia el régimen dictatorial de Muamar el Gadafi agoniza y la revolución triunfa. Muchos países se jactan por haber contribuido a tan feliz desenlace. Pero un hombre se merece todas las palmas por haber sido el primero en captar las ansias de libertad de los libios y alertar a su país y al mundo de la necesidad de ayudarlos. Es Bernard Henri Levy (BHL) quien visitó libia en vísperas del levantamiento popular, entrevistó a los líderes de la oposición y voló a París a transmitir el mensaje al presidente Nicolás Sarkozy convenciéndolo de intervenir en apoyo a los insurgentes. Lo que siguió: Inglaterra se unió a Francia, y Estados Unidos -que no quería involucrarse militarmente- se dejó arrastrar por lo que sus altos mandos llamaron “la exuberancia” francesa.¿Quién es BHL? Un filósofo francés muy comprometido en política y sus valientes intervenciones en Bosnia, Darfur, Afganistán y otros lo encuentran siempre del lado de los oprimidos . Hay quienes critican su aspecto mundano. Es buen mozo. Su esposa es actriz y frecuenta el jet set. Es más: su modo de vestir se convirtió en moda entre los intelectuales franceses y consiste en un vestido completo negro, camisa blanca y nada de corbata. Sin embargo, al lado de su mundanidad, BHL es un orador y un escritor talentoso e inteligente, y en los debates, es simplemente brillante. Nicolás Sarkozy lo aprecia y confía en él. Por eso, cuando BHL regresó de Libia y le contó lo que vio, sugiriendo que hablara con los líderes de la oposición, el Presidente aceptó. Fue cuando Francia decidió tomar la iniciativa de ayudar a los insurgentes. El 19 de marzo pasado los aviones franceses bombardearon una columna militar de Gadafi que se dirigía hacia Bengazi para masacrar a los levantados en armas. Esta iniciativa frenó a Gadafi y entusiasmó a británicos y norteamericanos que se unieron al conflicto. Luego la Otan intervino dy Gadafi termino derrotado. Bernard Henri Levy se merece una estatua en Libia liberada. ***Para quienes detestan a Israel y buscan criticarlo, las columnas del muy acreditado periodista israelí Gideon Levy, en el diario (de dura oposicion) Haaretz, les proporcionan enormes alegrías. En efecto, Levy responsabiliza a Israel de todos sus problemas con los palestinos y árabes en general. Yo admiro su magnífico estilo periodístico y la inteligencia de sus argumentos. Pero no siempre comparto sus ideas. Su última columna se titula ‘Por qué los egipcios odian a Israel’ y alega que después de la firma de paz entre Anwar el Sadat e Israel en 1978, los egipcio adoraron a los israelíes que visitaron Egipto en masa. Pero luego las guerras en el Líbano, el sufrimiento de los palestinos en Gaza y los asentamientos acabaron con la amistad tornándola en enemistad. No estoy de acuerdo con Gideon Levy y creo que la imagen de Israel y de los judíos en general se deterioró en Egipto cuando Sadat fue asesinado por los Hermanos Musulmanes en 1980. Su sucesor, Hosni Mubarak, mantuvo el tratado de paz con Israel pero pensó que para salvar su pellejo y no enfurecer a los Hermanos Musulmanes que podrían matarlo como a Sadat, tenía que practicar una política doble: de paz en el exterior y hostil hacia Israel en el interior. Durante sus 32 años de liderazgo los medios egipcios diabolizaron a Israel y los judíos de manera sistemática y perversa, copiada de la propaganda nazi. Y los peor es que borraron el recuerdo de una comunidad judía milenaria en Egipto que fue leal y beneficiosa para el país. Los jóvenes de menos de 40 años no saben que existió. aunque sumó cerca de 100 mil almas. Les arrebataron su pasado y los llenaron de odio.

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