Desesperados por el cambio

Marzo 04, 2011 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

Levantamientos masivos contra el abuso, la corrupción y las injusticias se registran en todo el mundo árabe. Con relativos éxitos en Túnez y Egipto; más difícilmente en Libia, Bahrein, Yemen, Siria, Jordania, Argelia, Marruecos... Y le llegará el turno a Arabia Saudita. Todos liderados por jóvenes muy valientes y determinados contra los sátrapas que los han abusado durante décadas. El mundo, atento, simpatiza con su causa y la respalda sin querer intervenir, a sabiendas que cualquier gesto en este sentido sería capitalizado por los gobiernos rechazados para echarles la culpa a los ‘extranjeros’. “El complot viene de afuera”, no cesa de repetir Muammar al Gadafi de Libia en todas sus apariciones en la televisión estatal, para luego amenazar con miles de muertes a los manifestantes. Cabe notar que en el específico caso de Libia no se ha visto que alguien, fuera de Gadafi y su hijo, se atreva a representar al gobierno en el poder; ningún presidente, ministro, gobernador, militar o funcionario cualquiera. No los hay. Los únicos que manejan este país pertenecen a la familia de Gadafi y punto. Detalle muy diciente para explicar por qué nadie logra frenar los impulsos de violencia y las masacres de jóvenes que se perpetran en Libia, como pasó en Túnez y Egipto donde el ejército moderó los enfrentamientos y acató la voluntad popular.¿Por qué los jóvenes lideran las revoluciones árabes? Primero, porque son los más afectados: por la pobreza, el desempleo, la corrupción y el atraso. Y segundo, porque están informados: con ellos la ‘teoría de la conspiración’ que siempre manipuló a las masas árabes no funciona como en el pasado. En sus protestas no insultaron o culparon a Estados Unidos o Israel, ‘jókeres’ clásicos utilizados como sofisma de distracción por los gobernantes árabes para justificar todos sus abusos. Esta vez señalaron con claridad a sus gobernantes como los responsables directos de su triste situación. Gracias a Internet y a los modernos medios de comunicación que penetran las censuras más severas, los jóvenes árabes comenzaron a comparar su vida con la de otros jóvenes del mundo y ya no soportan el abismo de bienestar y modernismo que los separan. Para la muestra un botón: todas las estadísticas -incluso árabes- revelan que la totalidad de las exportaciones de los países árabes (excluyendo el petróleo que tienen la suerte de poseer) resulta inferior al de un pequeño país europeo como Finlandia... Y el petróleo tiende a desaparecer o perder importancia...El despertar del mundo árabe es motivo de regocijo. ¿Quién puede lamentar la caída de dictadores desalmados y el fin de la mentira? Nadie. Todo el mundo está contento y quisiera ayudar, pero qué sucederá en el futuro: resulta todavía imposible predecir las consecuencias y las repercusiones de las revoluciones en curso. Primero, porque se registran en países que no han experimentado una sola democracia verdadera y no se sabe cómo manejarán su nueva libertad. Y luego, porque existen fuerzas oscuras al acecho para aprovecharse de la situación y ‘secuestrar’ el esfuerzo liberador de los manifestantes. En Egipto estas fuerzas están encabezadas por el movimiento de los Hermanos Musulmanes. Y pese a que últimamente sus integrantes se quitaron las barbas, se vistieron a lo occidental y posaron de moderados, el suyo es un movimiento islámico radical y fanatizado cuya llegada al poder sería un desastre para Egipto. Y puede suceder: es el mejor organizado y cuenta con una audiencia cautiva en las mezquitas y los medios, siempre refugiado en una aureola divina que lo exime de toda culpa...

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