Daesh, un año después

Julio 03, 2015 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

Cuando hace un año Abu Bakr el-Baghdadi, un clérigo musulmán, de aparencia joven pero de caminado pesado, se paró en el altar de una mezquita iraquí y se proclamó el Califa (Ibrahim) de un Califato mundial ante un puñado de fieles, el mundo lo interpretó como un chiste malo, una farsa. Y el valor (elevado) del reloj que llevaba en el pulso mereció más titulares que el inquietante mensaje pronunciado. La sabiduría popular advierte que no hay más sordo que el que no quiere oír y más ciego que el que no quiere ver. Aplica perfectamente para el caso. En efecto, desde hace un año el Califato de Abu Bakr -que ejerce bajo la bandera de Daesh (acrónimo en árabe de Estado Islámico)- se convirtió en realidad aterradora: extendiendo su poder en inmensos territorios de Iraq y Siria, reclutando adhesiones de poblaciones locales y jóvenes llegados del extranjero en busca de emociones y razón de ser, acumulando riquezas y armas a lo largo de fulgurantes conquistas. Y eso a la vista de un mundo cada día más sorprendido, incrédulo o incapaz de medir el peligro que representa. Es como si todo lo que ve y siente en carne propia fuera una película de horror que no logra tomar en serio. Ni los atentados terroristas contra turistas desprevenidos, ni la cruel persecución contra cristianos, druzos, kurdos, shiítas y otros, ni la suerte de las mujeres que consideran esclavas, venden, maltratan o distribuyen como ofrendas a los combatientes más destacados, ni las decapitaciones bárbaras a periodistas o trabajadores sociales que caen en sus manos, ni los robos, las demoliciones... han logrado mover de manera seria a los ‘apostatas’ países amenazados. Sin embargo, el Califato de Abou Bakr el-Bagdadi no es chiste ni ficción. Es real, brutal, fanático y cada día más poderoso y amenazante. Marcó su primer aniversario de la manera más impresionante con una serie de sangrientos atentados que reivindicó en Francia, Túnez, Kuwait, Egipto. El mismo Israel ya comienza a inquietarse y a reforzar sus fronteras al percibir su peligro desde Egipto en el Sinaí y Siria en el Golán. Nadie está salvo, pero aun así Daesh no desvela a los occidentales y demás enemigos declarados. Todos minimizan sus agresiones, adormecidos y confiados. Y contentándose de foros y debates interminables sobre la manera de combatirlo... algún día.Solo los analistas militares suenan alarmados. Ellos señalan las fallas graves que causaron la creación del Califato. El primer responsable sería Estados Unidos ya que al derrocar a Sadam Hussein en Iraq exacerbó de manera trágica las divisiones comunitarias del país y planteó la necesidad de reforzar a los sunitas (minoritarios) de las furias de los shiítas (mayoritarios) frustrados y humillados por años por la dictadura sunita de Sadam. Luego llegó Obama y su anhelo de ‘lead from behind’ o dirigir desde la barrera; es decir disminuir la presencia militar norteamericana en Iraq y otros países del mundo. Suena loable aunque al hacerlo creó un vacío que fue de inmediato ocupado por Daesh. El caos sirio resultó en otra oportunidad dorada para Daesh que lo aprovechó cuando Obama falló a su promesa de castigar a Assad si violaba “las líneas rojas” y utilizaba armas químicas contra la oposición siria. Al no cumplir Obama debilitó a los de la oposición siria moderada y creó otro vacío que Daesh vino a llenar. Y uno se pregunta: ¿Daesh se ha vuelto invencible? Los analistas militares dicen que no. Y que tratándose de un enemigo identificado y localizado se puede eliminar en dos días. Solo falta la voluntad de los gobernantes que toman las decisiones para hacerlo.

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