Corrupción sin límites

Corrupción sin límites

Octubre 19, 2017 - 11:35 p.m. Por: Liliane de Levy

Tarde o temprano la verdad iba salir a flote para revelar que Harvey Weinstein era un acosador sexual y un violador desde hace más de cuatro décadas, cuando llegó a Hollywood e incursionó en la industria del cine. Ahora, a la edad de 65 años se encuentra en la cima de un enorme poder tanto en dinero como en influencia en todo lo relacionado con el séptimo arte. Al mismo tiempo, su reputación como depredador también se ha consolidado para volverse una norma, curiosamente aceptada y encubierta por todo el mundo. Sus víctimas son jóvenes y bellas y se someten a sus sucias exigencias sin atreverse a protestar. También los periodistas se han visto presionados para callar al respecto. Entretanto, en Hollywood a Weinstein lo llaman ‘El Rey’ (o el ‘Dios’ según Meryl Streep), colmado de premios y Óscares y su compañía (Miramax) produjo éxitos extraordinarios como ‘Pulp Fiction’, ‘Good Will Hunting’, ‘The King’s Speech’ y muchos más.

Cuando hace pocos días los diarios The New York Times y The New Yorker finalmente decidieron publicar la larga historia de acoso sexual y violaciones contra mujeres del productor, la noticia se tornó en escándalo mayor, como si fuera una revelación jamás sospechada y todo Hollywood fingió la sorpresa en un despliegue de hipocresía desconcertante. Las acusaciones de sus víctimas -de repente envalentonadas y dispuestas a hablar- se vienen amontonando. Entre ellas, celebridades como Gwyneth Paltrow, Angelina Jolie, Ashley Judd, Rose McGowan, Mira Sorvino, etc. En los últimos días más de 30 mujeres reconocieron haber sido molestadas o violadas por Harvey Weinstein y callado para no comprometer su carrera. Todas presas del miedo y de la cultura del silencio que Hollywood les impone. Los analistas tratan de explicar tan extraño encubrimiento.

Pregunta, ¿por qué fingir la sorpresa si todo el mundo sabía que por mucho tiempo Weinstein abusaba impunemente de las mujeres a su alrededor? Al parecer es porque en la llamada meca del cine el acoso sexual es tan usual que tiene nombre propio. Se llama ‘casting couch’ porque a la hora de escoger el elenco de una película el productor o el director se puede dar el lujo de obligar a las candidatas a probar sus talentos con él y en la cama.

La práctica lleva años. Shirley Temple, la niña estrella de los años 40 contó en su biografía (A Child’s Star) que un productor de MGM la había encerrado en un cuarto para mostrarle sus partes íntimas. Tenía 12 años. Judy Garland recordaba que otro alto ejecutivo del estudio la sentaba en sus rodillas y le acariciaba el pecho. Tenía 16 años. A los cinéfilos los remito a una escena de la película ‘All about Eve’ (1950), protagonizada por Marilyn Monroe (una de sus primeras apariciones) en el papel de una joven actriz aconsejada por su padrino (George Sanders) a seducir sexualmente a un viejo productor con el fin de impulsar su carrera. En aquel tiempo la escena se suponía cómica.

Otra pregunta, ¿por que The New York Times y The New Yorker decidieron a penas ahora, sacar la ‘chiva’ contra Weinstein? La respuesta puede ser política. En efecto Hollywood milita con pasión en las filas del Partido Demócrata y le brinda millonarias donaciones. Weinstein es uno de sus más generosos donantes. Pero así como él ayuda a los demócratas, ellos le retribuyen impidiendo que se sepa sobre sus malos modales. Cuando el Partido Demócrata perdió las últimas elecciones su poder de presión mermo y su protegido se volvió vulnerable. Lo que también puede explicar porque Hilary Clinton, e incluso Barack Obama, se han demorado días para condenar -moderadamente- a Weinstein. Por algo se dice que, en materia de corrupción, “Washington es Hollywood, pero con gente fea”. Ojalá The New York Times y The New Yorker nos aclaren al respecto.

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