Correcto vs. incorrecto

Enero 29, 2016 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

¿Es usted políticamente correcto o incorrecto? La pregunta surge en medio de discusiones sobre aspectos varios de la vida social. Y obliga a definirse y a explicarse. Aunque no es fácil responder ya que en cualquier respuesta subsiste la ambigüedad. Antes de elaborar sobre el tema toca entender el verdadero sentido de lo ‘políticamente correcto’ (PC).Hace siglos el término se utilizó en cuestiones ideológicas o científicas ligadas a la teoría de la evolución hasta llegar a entrar en el lenguaje común de manera seria o peyorativa y ceñirse a un modelo de lenguaje o comportamientos diseñados específicamente para NO ofender a minorías y otros grupos desaventajados de la sociedad. Es -según sus predicadores- una manera de ser educado, considerado y proteger el multiculturalismo y los valores democráticos en general. Y ayudó enormemente en muchos aspectos de las relaciones humanas. Sin embargo y pese a sus buenas intenciones el PC comenzó a degenerar... Por cualquier comentario inocente o evidentemente legítimo su autor se encuentra tildado de islamófobo, antisemita, machista, racista, misógino, etc. Y se desprestigió. Desde los años 90 venimos escuchando que en Estados Unidos no se puede decir “negro” sino afroamericano, cuando los mismos negros luchan para demostrar que “Black is Beautiful”. O cuando a los judíos los llaman “hebreos” porque la palabra “judío” fue vilipendiada por los nazis y antisemitas, aunque los mismos judíos insisten en llamarse exclusivamene judíos para reparar la injusticia. O cuando las feministas se molestan cuando las tratan con galantería porque quieren ser tratadas de igual a igual con los hombres, en todas las circunstancias. O cuando en Francia los barrios de inmigrantes norafricanos o de mayoría musulmana son señalados por su alto grado delictivo pero discretamente llamados “barrios sensibles”. O cuando el mismo presidente Barack Obama se niega rotundamente a pronunciar el termino “Islam Radical” frente a crímenes perpetrados por Isis y otros grupos terroristas en nombre del Islam Radical. O cuando hace pocos días dos famosos cineastas negros anunciaron su intención de boicotear la ceremonia del Óscar porque este año ningún negro fue nominado para recibir el galardón, aunque en años anteriores muchos fueron nominados y galardonados. Las exageraciones de lo políticamente correcto se traducen en una fatiga general que inquieta. Mucha gente las percibe como una censura velada y antidemocrática; una amenaza a la libertad de expresión; un error de pensar que bueno o malo vienen a ser lo mismo. Y las rechazan, declarándose abiertamente políticamente incorrectos. El programa de televisión del norteamericano Bill Maher lo hace, y él, por fortuna, de manera inteligente y sensata tiene mucho éxito. Pero otros políticamente incorrectos asustan por su ignorancia, audacia o agresividad. Charlie Hebdo, aquella revista satírica francesa que fue atacada de manera brutal hace un año abusa, a mi parecer, en su afán de ofender y herir susceptibilidades religiosas con el noble fin de afirmar su derecho a la libre expresión. Y aún me horroriza la violencia con la que fue atacada por desalmados terroristas. El mismo candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos Donald Trump es un resultado directo del desenfado con lo políticamente correcto. Lo sabe y utiliza a plenitud. Él se jacta de decir lo que piensa cuando insulta, humilla, discrimina, ofende y agrede. Se justifica alegando: “¿Cómo resolver los problemas del país si no se dice claramente la verdad, aún si ofende?”. Y lo aplauden y sube en los sondeos. Es una tragedia que toca reparar. ¿Cómo? Encontrando un justo equilibrio entre lo políticamente correcto e incorrecto... Nada fácil.

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