Claro-oscuro

Agosto 17, 2012 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

Si usted busca una pequeña luz de esperanza en la espesa oscuridad que rodea la “Primavera Árabe”, mire a Túnez, este pequeño país que fue escenario del primer levantamiento popular contra el implacable poder dictatorial. Allá la revolución va realmente en progreso pese a los obstáculos que debe superar. Es decir, en las elecciones libres realizadas después de la huida del tirano, ganaron los islamistas del Partido del Renacimiento (Ennahda) porque resultaron los mejor organizados y preparados para tomar el poder. Sin embargo desde que lo lograron sus conductas han sido vigiladas por una población valiente que sale a tiempo a censurar sus abusos. La última manifestación contra el extremismo religioso y el oscurantismo que persigue Ennahda lo vivimos durante el “Día de la Mujer”, que en Túnez se celebra siempre el 13 de agosto. Es un día aniversario que se estableció desde 1956 cuando el Código del Estado Personal le dio a la mujer más derechos y participación en la vida social. Pero el lunes pasado la conmemoración se convirtió en masiva protesta, a la cual se unieron miles de hombres, en contra de un artículo destinado a la futura Constitución y presentado por el partido islamista en el poder. Dice mas o menos así: “El Estado asegura la protección de los derechos de la mujer y de sus pertenencias bajo el principio de la complementariedad con el hombre y en el seno de la familia”. De inmediato las mujeres tunecinas olieron la trampa y reaccionaron con furia. Y salieron a la calle –en su gran mayoría con la cabeza y cara destapadas– para decirles a los islamistas que no aceptan sus propósitos. Dos palabras esenciales en el artículo les resultaron inaceptables: “complementariedad” (porque ellas se consideran “iguales” y no complementarias al hombre) y “familia” (porque implica que deben casarse para gozar de sus derechos). Por el momento ganaron solo en parte su batalla: La aprobación del artículo fue postergada hasta abril para someterla a debates y discusiones las propias mujeres.En otros países la Primavera Árabe no va por tan buen camino. Egipto, país que en el pasado se enorgullecía por ser “emancipado”, parece haber caído dentro del sistema ultra religioso de los Hermanos Musulmanes que lo va atrapando (muy hábilmente) cada día más. Los últimos acontecimientos demuestran que las tácticas políticas de este grupo de poder, siguen siendo las mismas de siempre: Bajar el perfil, esconder sus verdaderas intenciones y mostrarse conciliadores hasta encontrar el momento propicio para apoderarse de la situación e incumplir sus promesas. Una táctica clásica que los anteriores gobernantes conocían y cortaban de raíz; en especial Gamal Abd el Nasser quien los persiguió sin piedad. Ahora se repite; para entenderla se debe quizás recordar que al comienzo de la revolución en la Plaza Tahrir en el Cairo, Los Hermanos Musulmanes dijeron que no participarían en las elecciones presidenciales y se aliaron con los militares, dizque para evitar el caos. Pero, en el momento de votar, presentaron su candidato quien triunfo en la primera vuelta. Luego antes de la segunda (en julio pasado) otorgaron a la cúpula militar derechos ilimitados en el manejo del país. Convertido en presidente de Egipto, su representante Mohamed Morsi no cumplió la promesa de darle a la minoría copta y a la mujer el lugar que les corresponde en el gobierno. Y con rapidez destituyo (o envió a retiro) a toda la cúpula militar con que se alió para ganar las elecciones. El presidente islamista egipcio es ahora dueño absoluto del país: Puede vetar las leyes que no le gusten e intervenir en la redacción de la nueva Constitución. Otra dictadura que no augura nada bueno.

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