Chomsky, un perverso

Octubre 15, 2010 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

En reciente columna, Cecilia Orozco T. dijo que Juan Manuel Santos había “quedado mal” cuando desacreditó a intelectuales norteamericanos que querían impedir que el ex presidente Uribe dictara clase en la universidad de Georgetown por “cuestionamientos de violación de derechos humanos”... Y alegó la columnista que dicha iniciativa tenía validez porque venía encabezada por Noam Chomsky, un intelectual de gran renombre, señalado por los expertos como uno de los pensadores más destacados del Siglo XX.Chomsky es, sin duda, un intelectual de renombre; para el New York Times es “el más importante de los pensadores contemporáneos” por sus trabajos en teoría lingüística y ciencia cognitiva; nadie lo puede refutar. Sin embargo, su militancia política no es tan destacada ni admirada. Al contrario. Siempre fue cuestionada... pero tiene seguidores. Desde que Chomsky se involucró de lleno en la política -durante la guerra en Vietnam- ha adherido a causas y campañas insensatas e incluso indecentes, utilizando su intelecto para distorsionar, mentir, camuflar, confundir y defender lo indefendible, con tal de justificar una posición que él define como “anarquista” o “Social Libertaria”. Parte de la idea que Estados Unidos es el gran Satán del mundo y que sus aliados se condenan por igual. Sus andanzas políticas lo sitúan en la extrema izquierda radical, aunque le hace guiños a grupos neonazis . Chomsky juzga que Estados Unidos no sólo es responsable de sus propios errores sino de los errores de sus enemigos. Interpreta la Segunda Guerra Mundial señalando a los rusos como los verdaderos luchadores contra el enemigo nazi, mientras acusa a Estados Unidos y Gran Bretana de utilizar a los ejércitos nazis para entrar en guerra contra Rusia y así prolongar la guerra y el Holocausto. En Vietnam Chomsky consideró irrelevantes los desmanes brutales del Vietcong, y exagerado por los analistas el genocidio perpetrado por Pol Pot que exterminó a dos millones de camboyanos. Siempre fue indulgente con la sociedad déspota de China; compasivo con Sadam Hussein de Iraq; paciente con Gaddafi de Libia, “un terrorista menor”; solidario con la intervención de Cuba en Angola que provocó una guerra civil y un millón de muertos; complacido con la violencia del serbio Milosevic contra los musulmanes bosnios que merecen su castigo por aliarse con los norteamericanos... Ante el trágico 11 de septiembre del 2001 Chomsky se dio a la tarea de explicar los atentados en términos de venganza legítima contra los atropellos terroristas de Estados Unidos. “Bienvenidos al club” dijo Chomsky a los neoyorkinos que experimentaban, por primera vez, en casa, el dolor del terrorismo.Y así como Chomsky odia a los Estados Unidos, odia a Israel y a los judíos. Se dice “sionista” pero su sionismo se basa en teorías que obligan la exterminación del Estado Judío. Y en su antijudaísmo, se ha dedicado a colaborar con quienes niegan el Holocausto y son antisemitas como los franceses Robert Faurisson y Serge Thion. Es extraño su odio por Estados Unidos y los judíos siendo él mismo judío y norteamericano. De siquiatra.En resumen Chomsky gusta de los dictadores sanguinarios. En cambio a un hombre de bien como el checo Václav Havel que salvó a su país del yugo comunista, sin derramamiento de sangre, lo considera “inmoral e intelectualmente inferior”. Que Chomsky critique a Uribe, habla bien de Uribe. Y Juan Manuel Santos tiene razón en subrayarlo.

VER COMENTARIOS
Columnistas