Cannes se arriesga

Junio 01, 2017 - 11:35 p.m. Por: Liliane de Levy

Durante años el Festival Internacional de Cine en Cannes fue criticado por darle prioridad a veteranos del gremio a la hora de escoger las películas aspirantes a la prestigiosa Palma de Oro. Sin embargo, este año el festival sorprendió con una mutación radical en la lista de las 19 películas en competencia incluidas en la Selección Oficial; optó por los trabajos de una nueva generación de cineastas que llegaron con una nueva visión para hacer cine. Nuevas ideas, nuevos valores, nuevas sensibilidades e incluso muy novedosas técnicas. Realizadores como el sueco Ruben Ostlund (Palma de Oro del 2017 con ‘The Square’), el francés Robin Campillo (ganador del Grand Prix, segundo en importancia, con ‘120 latidos por minuto’) o el griego Yorgos Lanthimos director de ‘La muerte de un ciervo sagrado’ (que se llevó la Palma al mejor guión) dejaron hondas huellas en el festival de este año... Ellos y también otros como el ruso Andrey Zvyaginstev (con ‘Falta de amor’, que recibió el Premio del Jurado) o la inglesa Lynn Ramsey con ‘You were never really here’ (mejor guión, ex-/equo con Lanthimos) e incluso la joven directora de famoso apellido, Sofia Coppola quien también pertenece a esta generación de nuevos cineastas y que ganó el premio al Mejor Realizador con su película ‘The Beguiled’ (Las presas).

El agresivo giro que dio el festival hacia lo novedoso provocó polémicas acaloradas entre críticos y público en general tanto a favor como en contra, pero lo cierto es que fue de difícil digestión y toca darle tiempo para otorgarle su justo valor. Entretanto, destaco tres películas premiadas que me impactaron muy especialmente.

Me gustó la triunfadora ‘The Square’ (La Plaza) pero me da miedo recomendarla. Es una película difícil, larga (2 horas y 22 minutos) que tiene la pretensión -lograda- de ser cómica y dramática a la vez, y sobre todo moral. En torno a un proyecto cultural llamado ‘La Plaza’, el director plantea preguntas sobre altruismo e individualismo, confianza y desconfianza en la sociedad, justicia, la capacidad de vivir de acuerdo con sus ideales, el esnobismo intelectual que hace estragos, y sobre los medios de comunicación que Ostlund acusa de sucumbir en un irresponsable sensacionalismo. “Hoy en día los medios tienen que rivalizar con el terrorismo para atraer público...”.

La segunda muy buena película es la francesa ‘120 latidos por minuto’ que merecía la Palma de Oro. Es un drama basado en la historia real de un grupo de jóvenes apasionados, homosexuales en su mayoría, y su lucha contra la indiferencia ambiental ante la epidemia del Sida durante los años 80. Una lucha ardua por sus vidas, sus derechos y su misma humanidad. Reunidos como en familia dentro una organización llamada ‘Act UP’ a favor de la gente afectada por la enfermedad y abandonada a su suerte por una sociedad ignorante y laboratorios abusivos. El todo contado con una mezcla de energía desbordante, de experiencias personales del activista que Campillo fue (y es), de amor, erotismo y denuncias violentas reflejos de la rabia que todavía muchos albergan. Magnífica película que rinde un merecido tributo a aquellos que lograron ayudar la causa que valientemente asumieron.

La tercera película impactante es sin duda ‘La muerte de un ciervo sagrado’. Una película de terror, de gente miedosa que tortura a gente con mucho miedo y conduce a un desenlace de pesadilla. Inspirada del relato de la tragedia griega ‘Ifigenia’, maneja culpa, venganza, castigos de dioses, sadismo y mucha crítica social. Sus intérpretes, Nicole Kidman y Collin Farrell, son excelentes; nos transmiten el horror con escalofriante calma... No sé cómo lo hacen.

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