Arte vs. política

Enero 13, 2017 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

El arte y la política no siempre hacen buen matrimonio. Por teoría, por principio, por la misma razón de ser. El arte necesita plena libertad para desarrollarse, sin reglas ni barreras precisas. Es pura inspiración, imaginación, espontaneidad. La política, en cambio, es fría, calculadora y busca cambiar y mejorar la sociedad según patrones diseñados dentro de una determinada ideología. Mezclar arte con política se vuelve complicado e incluso destructor. Lo digo a la luz del último enfrentamiento que se registró durante los Golden Globe en Hollywood cuando la muy talentosa actriz Meryl Streep aprovechó el recibimiento de un premio para arremeter en contra del controvertido Donald Trump, presidente electo de Estados Unidos. Armada de su extraordinario profesionalismo como actriz y de una dicción impecable se encolerizó y hasta lloró al reprocharle a Trump su misoginia, su xenofobia, su intolerancia por la libre expresión, su falta de respeto con los inválidos o impedidos, etc. Ni corto ni perezoso Trump le contestó en su habitual forma desatinada, la llamó ‘sobrevalorada’ (no lo es, ha sido nominada 19 veces al Óscar y ganó tres, y nominada 30 veces al Golden Globe y se alzó con ocho) y ferviente adoradora de Hillary Clinton, contendora de Trump en las elecciones presidenciales. Respuesta no muy inteligente de parte de Trump; él se hubiera podido defender mejor y de manera más civilizada... Pero él tiene su estilo propio y aparentemente no lo cambiará.Recalco el incidente para subrayar que a pesar de ser bochornoso habla bien de los Estados Unidos ya que solamente se puede dar en un país democrático que respeta la libre expresión. En las dictaduras, tal modalidad no existe y quienes la desafían reciben duros castigos de parte de los gobernantes. Basta recordar como en Rusia -país que quiere aparentar democrático, con elecciones amañadas y parlamento-, el dictador Vladimir Putin maltrata a quienes se atreven a discutir su autoridad, incluyendo a los artistas El recuerdo vergonzoso de aquellas jóvenes cantantes del grupo de protesta punk ‘Pussy riot’ que montaron un show en una catedral para ‘rogar’ a Dios librar a Rusia de Putin. De inmediato fueron arrestadas y encarceladas durante meses y solo recobraron su libertad gracias a una decidida presión internacional. En China al pintor insignia del arte ‘underground’ Ai Wewel lo arrestaron, destruyeron su estudio en Shangai, le quitaron su pasaporte y lo torturaron psicológicamente durante meses por haber denunciado construcciones defectuosas de escuelas dirigidas por oficiales corruptos que causaron la muerte de más de cinco mil niños. En Egipto, país que jamás conoció un día de democracia, (como todos los demás países del Medio Oriente, exceptuando Israel) el artista debe someterse incondicionalmente al servicio de las autoridades. Recuerdo que en los años 40 y 50 la diosa del canto árabe Um Kalthum le cantaba al rey Farouk con un fervor inigualable. Al día siguiente de la destitución del monarca le cantó con igual fervor a quien lo destituyó; es decir a Gamal Abdel Nasser. Hoy en día y en pleno Siglo XXI, el presidente egipcio El Sisi exige la misma obediencia de parte de los artistas. En Cuba la vena artística tampoco puede aventurarse en contra de la corriente llamada ‘progresista’ (???) del gobierno, so pena de terribles represalias... Y los ejemplos abundan. Pese a su talento, Meryl Streep no podría vivir en ninguno de estos países. Por fortuna podría hacerlo en múltiples países de Europa y Asia que todavía luchan por mantener los valores democráticos que ella quiere proteger en Estados Unidos y que Donald Trump, en cierto modo, intenta violar. Toca apoyarla.

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