Aniversario y caos

Febrero 03, 2012 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

El balance negativo que en Egipto ofrece el primer aniversario de la revolución del 25 de enero del 2011 fue simbolizado por lo ocurrido en el estadio de fútbol de la ciudad de Port Said, cuando una violenta estampida entre aficionados se convirtió en tragedia, con 74 muertos y un millar de heridos. Sin que la policía tratara de intervenir. ¿Qué pasó? Los Hermanos Musulmanes -que acapararon los votos en recientes elecciones parlamentarias junto con sus compañeros salafistas que profesan un islam aún más radical- no tardaron en apuntar a una “mano negra” detrás de los disturbios, dando a entender que quienes los provocaron son partidarios del antiguo régimen de Hosni Mubarak. Sorpresivamente todavía no inculparon a Israel, chivo expiatorio favorito de aquella “teoria del complot” tan propia de Egipto y de todos los gobiernos árabes y que invita a creer que ellos nunca tienen la culpa de nada; la culpa es siempre de los demás. Una posición irresponsable pero cómoda que impide toda autocrítica y no necesita corregir errores. En Egipto se llegó a culpar a los israelíes de enviar un tiburón a las playas egipcias para boicotear el turismo...Respecto a la tragedia del estadio de Port Said, la gente sensata dio su interpretación: la Policía -criticada y odiada por su comportamiento brutal antes y durante la revolución de hace un año- se vio impedida de actuar contra civiles y dejó que los aficionados se entremataran. Una muestra más del estado de caos e incontrolable inseguridad que vive Egipto en estos momentos.De este tema y otros relacionados con el curso de la revolución hablo con frecuencia con amigos egipcios coptos que emigraron a Estados Unidos huyendo de la persecución en su contra por los fundamentalistas que pronto tomarán el poder. Conmigo se desahogan y expresan su decepción y nostalgia. Y me dicen: “Cuando ustedes los judíos se vieron forzados a salir de Egipto, nosotros los coptos nos convertimos en el principal blanco de la discriminación religiosa y también nos quieren sacar del país”. Una tarea que resultará más difícil, ya que en Egipto los coptos suman alrededor de 10 millones mientras que los judíos, hasta los años 50, no pasaron de 100 mil... En fin.Entretanto, compré el libro de Wael Ghonim cuya lectura recomiendo. Se titula: ‘Revolución 2.0: el poder del pueblo es mas grande que el pueblo en el poder’. Muy informativo y salió a tiempo para el aniversario de la revolución. Ghonim es aquel joven egipcio de 31 años de edad, ingeniero de sistemas y radicado en Dubai como ejecutivo de Google, que jugó un papel esencial en la mobilización en la Plaza Tahrir por medio de su página en Facebook creada en el 2010 y apodada: ‘Somos todos Khaled Said’ -en honor al activista Said, arrestado y torturado hasta la muerte en Alejandría por la Policía egipcia. Cuando la revolución estalló Ghonim viajó a Egipto para respaldarla, pero él también fue arrestado durante once días en el Cairo y maltratado; finalmente fue liberado gracias a Amnesty International. La revista Time lo incluyó entre las 100 personalidades más influyentes del 2011. Es un joven modesto, idealista, emotivo, creyente, respetuoso, sin ego ni pretensiones políticas. A pesar de su éxito, nunca se consideró líder del extraordinario movimiento que inspiró; esto fue su fuerza y debilidad. La verdad es que el derrumbe de las aspiraciones democráticas que suscitaron la revolución egipcia y su inmediata usurpación por los religiosos radicales (dicen que ahora quieren cubrir las estatuas faraónicas de Luxor... ojalá no las vuelen como hicieron los talibanes), se debe a que esta revolución no tuvo líder -a la manera de un Mandela, un Vaclav Havel o un Lech Walesa. Irrumpió en forma espontánea, caótica y cayó en manos de los Hermanos Musulmanes y Salafistas. ¡Un pesar!

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