¿A qué juega Putin?

¿A qué juega Putin?

Agosto 16, 2013 - 12:00 a.m. Por: Liliane de Levy

El presidente ruso Vladimir Putin suscita emociones contradictorias. Hay quienes lo odian, otros lo admiran, otros le temen y otros lo consideran valiente y acertado... No deja a nadie indiferente. Y todos observan con atención como se apoderó de Rusia, su país y se proyecta en la escena internacional en calidad de socio indispensable. Ante el caos y las violencias reinantes mucho occidentales -incluyendo a los conservadores norteamericanos- lo señalan como ejemplo para sus débiles y vacilantes líderes y lo califican de “genio” de la política moderna.El temple de Putin lo ilustra la anécdota que cuenta que durante un encuentro con Obama, el ingenuo y bonachón presidente norteamericano habló de su afición por el baloncesto; sin sonreír y mirándolo a los ojos replicó Putin en tono helado: “En cambio, Presidente, mi hobby es el judo”. Dejando en claro su enorme diferencia con su interlocutor, tanto en lo político como en lo personal.A lo largo de sus años en el poder, primero como presidente, luego de primer ministro y ahora otra vez de presidente (y aparentemente organizando el terreno para un tercer mandato), Putin ha impuesto su estilo de gobierno, brutal y dictatorial, aprendido en la KGB y su cohabitación con las organizaciones mafiosas rusas. En el interior y con el respaldo de leyes anticorrupción impuestas por él aprovechó para deshacerse de sus opositores encarcelándolos (como Mikhael Jodorovski que lleva 10 años en prisión) u obligándolos al exilio (como Boris Berezovski quien murió en Londres hace poco); de los ‘indeseados’ que son los expertos, los intelectuales, los periodistas, las ONG críticas, los deportistas, los artistas, limitando su campo de acción y sus libertades. Y dentro de esta tónica represiva la emprendió contra los homosexuales tanto nacionales como extranjeros que ahora arriesgan cárcel o multas si se atreven a ‘publicitar’ su condición, es decir a revelar abiertamente su identidad. Un atentado a la libertad de expresión que Occidente desaprueba pero que, también, terminó aceptando como condición en las próximas Olimpiadas de Sochi.En política exterior Putin dice negro a todo lo que Estados Unidos dice blanco. Se declaró amigo de Hussein, de Khadaffi, de Kin Jong-Un, de Irán, de el Assad. Y miren no más el ‘affaire’ Edward Snowden, aquel norteamericano que reveló documentos secretos de alta sensibilidad contra su país y a quien Putin ofreció asilo, dizque en nombre de los derechos humanos; una bofetada pública para Barack Obama quien lo reclamaba para juzgarlo como traidor. O Siria donde Putin siempre defendió al régimen de Bashar el Assad pese a la presión internacional y más de 100 mil muertos en la guerra civil. Y ahora en Egipto donde la torpeza evidente de la política norteamericana obliga al Ejército egipcio a buscar ayuda en otra parte y encuentra a Rusia esperando, con los brazos abiertos...¿A qué juega Putin? ¿Y qué busca? Primero a quedarse en el poder por más tiempo posible. Luego a convertir a su país en socio indispensable en la política internacional. Para eso tocó revivir el ambiente de lo que fue la Guerra Fría, aunque no sería el caso. La Guerra Fría se libró entre dos superpotencias la Urss y Estados Unidos que se disputaban zonas de influencia en el mundo. Ahora Estados Unidos quedó como única superpotencia y Rusia no lo es. Sin embargo Putin se comporta como presidente de una superpotencia y desafía a Estados Unidos como tal. Y se sale con la suya. Es definitivamente muy hábil.

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