Y seguirá creciendo

Junio 13, 2014 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

Ante los ojos de quienes vivimos en Cali, se siguen levantando cada vez más invasiones y asentamientos ilegales. Una realidad tan preocupante e inocultable como la desavenencia y la falta de rigor de todos aquellos designados para responder y solucionar una situación que a diario acentúa los problemas de bienestar social, seguridad y medio ambiente que tanto nos golpean. Desde marzo, vecinos del barrio Juanambú, sobre todo los residentes de los edificios ubicados justo al costado del Cerro de las Tres Cruces, vienen notando la presencia frecuente de personas y el esporádico transporte de materiales de construcción. Un hecho que inquieta y que resulta incomprensible, si se tiene en cuenta que esta es una zona forestal, una reserva natural de Cali, en donde cualquier tipo de edificación es prohibida. Alertar a las autoridades fue la reacción inmediata de un grupo de ciudadanos. La respuesta de la patrulla del cuadrante de esa zona fue la siguiente: “No hay nada que yo pueda hacer porque el jefe nos dijo que esa no es nuestra jurisdicción”. Se fueron a un CAI, no les tomaron la denuncia porque era fuera del horario de atención (horario que no le sirve a ningún empleado). Llegaron al CAM y se presentó la misma situación anterior. Por diferentes canales la queja llegó al despacho de la Alcaldía, cuya respuesta, por Facebook, fue que ya habían registrado la solicitud y que tomarían las medidas necesarias al respecto. Ha pasado marzo, abril, mayo y ahora, a mediados de junio, aún no ha habido controles ni respuestas ni razón alguna. La nueva invasión, por ahora incipiente aunque no menos preocupante, tiene cinco casas perfectamente construidas en madera, techos de zinc, puertas y ventanas de metal; cuentan también con una cerca de púas que divide y otorga un hermoso jardín a cada morador, gallineros minuciosamente adecuados, perreras, fogones de leña, en donde familias enteras pasan sus días construyendo su “hogar”, ese que la misma ciudad les permite hacer. La semana pasada noté que ya había luz eléctrica. También agentes de policía, pero no precisamente protegiendo la reserva forestal, desalojando o evitando que se sigan erigiendo nuevas viviendas, sino de conversa amigable con los pobladores y consumiendo el entre día en las improvisadas tiendas en las que ahora se han convertido sus “hogares”. El Cerro de las Tres Cruces por el lado de Juanambú es quizás una de las pocas zonas verdes y uno de los mayores centros deportivos que aún pueden rescatarse. La subida por Normandía está desde hace muchos años tugurizada y lo que queda de pulmón para Cali no puede seguirse arriesgando. ¿Cuándo se van a tomar medidas? ¿Por qué tanta incapacidad para frenar las cosas a tiempo? ¿A quién hay que recurrir? ¿Qué más y mayores consecuencias deben suceder? La ciudadanía está cumpliendo con el deber y el derecho que tiene de denunciar cualquier irregularidad. ¿Por qué la ciudad no cumple devuelta? Las entidades encargadas no hacen nada; las autoridades, que ni entienden la ley ni instruyen al ciudadano en conocer y aplicar sus derechos, cada vez inspiran un menor respeto. Así, el pulpo que se supone son estas invasiones seguirá creciendo, con el temor de que llegue a ser imparable, como todas las demás. El Cerro de las Tres Cruces, quizás el más importante de Cali, tiene una historia interesante. Dicen que, por orden de la Arquidiócesis de Cali, dos hermanos se encargaron de adornar con flores las cruces y de erigirlas en un monumento en la cima para encerrar y exorcizar al Buziraco, que por ese año, 1837, se apareció y libró una maldición contra la ciudad entera. Ojalá al diablo no le dé ahora por salir de su guarida o que cuando reaccionemos, no sea demasiado tarde.

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