Viajeros frustrados

Marzo 23, 2012 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

Aunque se dijo que el Gobierno y el Sindicato de Controladores Aéreos, después de semanas de diálogos y conflictos, acordaron ampliar el personal y mejorar sus condiciones laborales, cuya finalidad era la de brindar mayores garantías y un mejor servicio a todos los viajeros, el tema parece haber quedado en las nubes.Todo lo que sucedió en esas mesas de concertación fue un alboroto más mediático y protocolario que práctico. Más allá de las obras de remodelación y repavimentación de los aeropuertos del país o de los cambios meteorológicos, lo de la congestión aérea y, sobre todo, la forma tan displicente como algunas compañías y empleados tratan a los usuarios sigue siendo un caos. Pude dilucidar las historias, algunas surreales, que oí de varios viajeros frustrados hace un par de días cuando partía a un viaje de trabajo a Florencia. El desorden empezó cuando el avión de Satena que salía de Bogotá a la capital del Caquetá, que debía ser a las tres de la tarde, lo hizo seis horas después. Al principio argumentaron mal tiempo, después que el avión estaba en mantenimiento (¿Luego este no es preventivo y programado?), más adelante que eran órdenes de la aerolínea. Entre un informe y otro, de por sí incompletos, trataron de embolatar las incomodidades con una cortesía de Presto que más fue una limosna, pues de $22.000 que cuesta un combo la aerolínea regaló $8.000. Total, terminamos en un sobrevuelo de más de 20 minutos, perdí la jornada de trabajo, la ropa llegó mojada y al regreso a Cali en un vuelo de Avianca, sin colaboración prioritaria del personal por tratarse de una conexión, mi equipaje no llegó. Durante esta travesía tuve la oportunidad de hablar con una caqueteña que debe padecer esta situación con frecuencia. Se quejaba de que su ciudad la tienen tan relegada que pareciera no hacer parte de Colombia. Un sentimiento básico, pero al ponerme en sus zapatos es comprensible. Más desalentador aún cuando cada visita a su familia le cuesta cerca de 700 mil pesos, casi el costo de un trayecto internacional. Absurdo. El malestar es general y todo sigue igual. La modernización de la infraestructura aeronáutica no debe frenar el flujo aéreo y la Aerocivil no puede seguir metiéndole la culpa al desentendimiento de administraciones anteriores ni a la falta de presupuesto; así como las aerolíneas deben dejar de escudarse en esas falencias para ocultar sus deficiencias y malos tratos. El director de la Aeronáutica Civil, Santiago Castro, no ha sido muy preciso en sus acciones y tampoco ha dado las explicaciones suficientes. Debe hacerlo pronto, si se quiere evitar un accidente aéreo ante la falta de gerencia para controlar la crisis, según dicen analistas; o incluso que colmen la paciencia de los viajeros hasta el punto de que se lleven a cabo manifestaciones violentas, como sucede con las agresiones contra el transporte masivo integrado de este país. No sólo es importante que se preste un servicio idóneo y se logre la descentralización del tráfico aéreo en Bogotá para así darle rutas a otras ciudades que tienen con qué; también es prioritario que el doctor Castro dé respuestas taxativas a inquietudes, por ejemplo, acerca de lo que sucederá con el mayor terminal aéreo del país, El Dorado, que no dará abasto a su término o los resultados de las reclamaciones y demandas interpuestas por tanto viajero frustrado. ¿Qué tratamiento se le da a estos requerimientos? ¿Qué sanciones se han puesto? ¿Las han cumplido? ¿Cómo? ¿Cuándo?Si después de tantos años aún se nota la negligencia, me pregunto qué va a hacer la industria aeronáutica y cómo lidiará con la capacidad de tráfico aéreo de Colombia ahora que un TLC está a punto de entrar en vigencia.

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