Termitas

Enero 28, 2011 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

“Señor Agente, será que se puede dar una pasada por la curva en donde se toma la Cali-Jamundí desde la Simón Bolívar, allá adelantico”, le dijimos al guarda de tránsito para advertirlo del nudo que había en ese punto. Minutos antes habíamos pasado por allí y la salida estaba bastante congestionada. De nuevo, las ‘terminalitas’, que más bien deberían llamarse termitas, por esa voracidad con la que, en manada, se están carcomiendo la ciudad ante nuestros ojos.“A mí me corresponde esta zona (frente a la entrada principal de la Fundación Valle del Lili, en donde ni siquiera los taxistas que ahí parquean le obedecen), no puedo moverme de aquí. Además, no hay suficientes guardas. Estamos trabajando en eso, pues hay asuntos más importantes”. Me pregunto cuántas de esas respuestas darán al día y, con más incredulidad aún, cuánto tiempo llevan “trabajando en eso”.Cali cuenta con sólo 12 guardas destinados exclusivamente a controlar esta actividad. ¡12! Cuando la movilidad ‘pirata’ representa el 25% del transporte público de la ciudad y además se registran cerca de 5.000 vehículos de este tipo. Tan anestesiados estamos, que no trazamos la línea divisoria entre la proliferación de éstos y la legalidad. Es como si fuera la misma cosa.Las cabezas de este transporte informal tienen toda una empresa constituida, que funciona con un nivel de organización asombroso, sin nada que envidiarles a las pymes y mipymes de este país. Que generan un tráfico abrumador, no es un secreto para nadie, como tampoco lo es la algarabía de los conductores (en la ‘terminalita’ de la Portada al Mar dos tipos resolvieron a puños el servicio de un pasajero); la saturación de ayudantes con trapo rojo; el basurero que los vendedores ambulantes producen con sus desechos; las fritangas; la ensordecedora contaminación auditiva de pitos, gritos y silbidos; la violación a las normas de tránsito; la evasión de impuestos y multas; la falta de garantías que preserven la integridad de los pasajeros.Pero todas estas razones son consecuencia de un inconveniente aún más complejo, latente hace décadas en Colombia y al que definitivamente vale la pena darle trascendencia: la problemática social. Si usted se gana un mínimo, ¿qué le importan las incomodidades y riesgos a los que deba someterse si estas ‘termitas’ están a la vuelta de su casa, lo llevan en ‘par boliones’ y el pasaje cuestas un 50% menos que un servicio de transporte regular? Cualquiera, por instinto, haría lo mismo. Un ejemplo de los rezagos de una economía informal que, en vez de evaporarse, se asienta con el tiempo. Si bien el problema debe solucionarse desde la raíz para salir del círculo vicioso en el que estamos inmersos, mientras tanto, es necesario un trabajo mancomunado de control y vigilancia entre la Alcaldía, las secretarías de Tránsito e Infraestructura y la ciudadanía.***Paréntesis: comer chocolate no sólo mejora el estado de ánimo, también alegra el corazón porque contiene feniletilamina, la misma sustancia que produce el cerebro cuando uno se enamora. Así que coma chocolates por montones y si son Santa Teresa mejor, unos productos artesanales deliciosos que, al comprarlos, está apoyando a los niños con cáncer de la Fundación La Divina Providencia.

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