Ser o parecer

Ser o parecer

Junio 15, 2012 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

Cinco kilos menos era la meta para, según ella, encajar en la sociedad. Tenía 15 años y 60 kilos que la identificaban como una niña saludable, de buen semblante, alegre. Angélica Ceballos vive en Medellín, una ciudad que se caracteriza especialmente por la belleza de sus mujeres y en la que ella sintió desentonar –por sólo cinco kilos. Pensó que estaba ‘gorda’ y sus amigos, gente en la calle y hasta su familia se lo recordaron cada segundo. Empezó a contar cada una de las calorías que consumía hasta quedar en los huesos -literalmente-, pues en su momento más crítico pesó 28 kilos. Con ella arrastró a Daniel, su hermano menor, quien sin proponérselo, sin complejo alguno, se sumió en la depresión de su hermana y la siguió tan de cerca que se convirtió en su único amigo y cómplice. Con dos padres humildes pero trabajadores, debieron criarse solos, desatendidos, incomprendidos y sin ninguna actividad diferente que la de alimentar la inanición.Este tipo de historias no sólo conmueven por lo que son; también representan una problemática social que está latente en Colombia y que la anorexia y la bulimia son más que una tendencia por demás creciente y alarmante que se ha enfrentado de manera muy superficial. Conversaba con una nutricionista, quien además dedica gran parte de su tiempo a trabajar con pacientes con trastornos alimenticios, y me compartía que su inquietud está en la forma como los jóvenes digieren toda la información que, sin filtro, reciben de afuera, de ese mundo paralelo que ha creado la tv e Internet. No tener el criterio para decantar todo lo que allí acontece los ha llevado, a una parte importante de este vulnerable sector de la sociedad, a construir una serie de imaginarios que distan de la realidad que nos envuelve.Las páginas Pro Ana (Anorexia) y Pro Mía (Bulimia), en las que Angélica encontró ánimo, proliferan en la red y aunque tratan de ser clandestinas, bajo ninguna óptica lo logran. Aún no se entiende por qué dominios de este tipo siguen en línea o, al menos, por qué no discuten ni se previenen desde los espacios de formación de los jóvenes. Me aterré con lo que vi. Y no pude parar. Fue una especie de morbo pero, sobre todo, de inquietud y asombro al conocer en detalle este submundo tan complejo. Es algo parecido a un decálogo, con dogmas y pasos para engañar el hambre, resistir los ayunos, mitigar las dolencias físicas y emocionales, mentirles a quienes los rodean. “La comida es como el arte, existe sólo para mirarla”, “Si sientes frío no te tapes, tu cuerpo consume calorías tratando de calentarse a sí mismo”, son algunas de las consignas. La convocatoria a estos blogs aumenta con desproporción y los usuarios intercambian fotografías y comentarios sobre su evolución en tiempo real. Ahí su atractivo. ¿En qué momento se pierde el límite entre vanidad y salud? ¿Cuándo se desdibuja la endeble línea entre vida y muerte?Si bien existen especialistas y asociaciones y organizaciones particulares que luchan por la prevención y atenuación de los trastornos alimenticios, el tema aún es tratado por los costados, a veces en silencio, bien por laxitud de los padres, bien por temor a la opinión pública o bien por negligencia del Estado, como a Angélica y Daniel, cuyo sistema de salud al que pertenecen no les ha brindado el acompañamiento psiquiátrico y nutricional que requieren.Cuando en Colombia existen más de 80.000 casos de anorexia entre jóvenes entre 14 y 19 años; cuando dos de cada cien adolescentes sufre de algún desorden de este tipo, hombres y mujeres; cuando estas afecciones causan más muertes que todas las enfermedades del corazón en el país, con mayor razón sí es un tema de abierto debate y consideración.

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