Seguimos invadidos

Agosto 13, 2010 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

La sostenibilidad del medio ambiente debería ser un asunto primordial en las agendas de todo ser humano, aunque suene trillado. En nuestras casas seremos los responsables de reciclar las basuras y mesurar el uso de los recursos, en nuestros barrios y oficinas igual, pero a nivel municipal deberán ser el Alcalde y su gabinete los que lideren proyectos para proteger nuestro entorno vital. Las invasiones, tan famosas y apetecidas en Cali, son una amenaza para el ecosistema y la comunidad. La falta de prioridad que la Administración Municipal ha dejado notar, demuestra que este chicharrón le quedó grande, pues los asentamientos informales se están carcomiendo la ciudad cada vez con mayor voracidad. Así lo demuestran las cifras, que anotan que son cerca de 34.000 personas las que viven en la ilegalidad en algunas zonas de la capital vallecaucana, incluidas las del jarillón del río Cauca y ladera, quizá las más sonantes. Si éstas son las censadas, ¿cuántas decenas más habrá?Este fenómeno ha aquejado a la ciudadanía por años y la solución aún no da la cara. Nos ha costado trabajo entender que este tema va kilómetros más allá de si el ruido, la presencia y el olor molestan, sin ánimo de ofender, a los distinguidos vecinos de Santa Rita, Santa Teresita o Normandía.La Alcaldía, a través de la Secretaría de Gobierno, diseñó hace pocas semanas una política bastante minuciosa, con la intención no sólo de erradicar y reprimir la progresión de estas instalaciones, sino también la de contrarrestar los impactos negativos en materia ambiental y urbanística. Esta misma entidad, incluso, afirmó que durante este 2010 han intervenido y recuperado más de 30.000 metros cuadrados. Ojalá. Quiero creerlo. Pero falta.De nada sirve desalojar a una familia por la puerta principal si por la de atrás llegan tres más. En las invasiones se ha creado un universo cerrado que esgrime sus propias reglas. Tienen un aire a los temibles guetos que se gestaron durante la Segunda Guerra Mundial para atestar a los judíos. Además, faltan controles y advertencias, sobre todo con este invierno, que se niega a cesar. ¿Qué pasaría, por ejemplo, en la eventualidad de un derrumbe o terremoto? ¿Están capacitadas estas personas –o incluso las mismas autoridades- en caso de desastre? ¿Tomarán conciencia sólo cuando ocurra una tragedia? El resultado de estas invasiones radica en la politiquería que oprime al Departamento. Son los ‘líderes’ corruptos los que manipulan a las familias invasoras a través de sus necesidades más grandes. Les prometieron postes, vías, canchas de fútbol y hasta la legalización de su situación. Lo que le representaba al susodicho una cuota electoral bastante alta. Por eso, ahora más que nunca, quiero ver qué papel van a desempeñar los congresistas del Valle elegidos en los comicios pasados, cómo y cuándo van a empezar a cumplirles.Dentro de la política esgrimida, resultaría sustancial incluir un proyecto de reconstrucción total, dirigido a la creación de lugares adecuados para reubicar a estas familias y lograr espacios que no atenten contra su bienestar, libres de hacinamientos, enfermedades, falta de servicios públicos y dificultades de seguridad y convivencia. Lo que también nos lleva a insistir en la necesidad de analizar de fondo el tema del desplazamiento en este país.Si la eterna justificación es que Cali no cuenta con los recursos suficientes para este fin, va siendo hora que reevalúe las prioridades de sus inversiones o que dé la pelea para lograr la intervención, ahora, del nuevo Gobierno Nacional. Sólo ese día podremos tener una sociedad más incluyente y, por supuesto, más tolerante.

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