RSE

Julio 01, 2011 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

La nutrida asistencia a la yincana –Yincali- organizada en la ribera del río Cali en días pasados, demostró que la ciudad está repleta de personas que creen en su región, que le apuestan a hacer las cosas bien, que ven en sus coterráneos gente trabajadora, con ganas de salir adelante, y que tienen clarísimo que, sin importar el tiempo que les tome, con proyectos, marcas y programas especialmente destinados a la acción social habrá un futuro mucho más prometedor y habitable para la comunidad.Así que es importante que este tipo de actividades se sigan realizando, pues curiosamente las noticias sobre el compromiso de las empresas con la Responsabilidad Social Empresarial, RSE, no son noticia de primera página; sin embargo, cada vez se oye hablar más de esta ‘filosofía’, cada día se permea en las organizaciones con mayor fuerza y ahora que saben que el orden social se construye y no está dado, se empieza a concebir como nuevo factor de competitividad.Desde hace 60 años, cuando surgió en Estados Unidos el concepto de RSE con la intención de la alta dirección de una empresa para actuar en beneficio de sus trabajadores, sus familias y su entorno, se ha demostrado que los resultados son positivos en tanto forjan una economía productiva y, por supuesto, una estratificación social más equilibrada.A pesar de que en nuestra sociedad todavía se notan vacíos que impiden un verdadero y consolidado trabajo colectivo, la divulgación de la RSE ha tenido una acogida interesante. Varios empresarios colombianos se han percatado que este tipo de prácticas y políticas no sólo ratifican el producto y la marca como tal, también tienen impactos positivos en los costos operativos de la empresa, además de generar apropiación hacia la misma y hacia el sector en donde ésta se desarrolla.Toda organización tiene en sus manos el compromiso de mantener la cohesión de la sociedad. Dentro de sus prioridades deben estar las de formar ciudadanía, fortalecer la democracia, garantizar los derechos y así aumentar el tejido social. Poco a poco, no sólo las empresas han ido tomando conciencia de su adeudo con la comunidad; las instituciones educativas, por su parte, le han dado un giro substancial a sus programas y materias, encaminadas más hacia el incentivo de desarrollar el espíritu emprendedor de los estudiantes, con miras a la búsqueda de soluciones y con voluntad e iniciativa de mejora colectiva.Si bien aún falta por labrar el camino, ese enfoque y esa sensibilidad social ya es una realidad. Sus visos empiezan a dejarse notar. Lentamente. Si logramos que estas prácticas se vuelvan cotidianas, tendremos personas que contribuyan conscientemente con sus acciones al éxito de las empresas, convirtiéndolas en ejemplos dignos de seguir. Por eso, nunca debemos dejar de preguntarnos: ¿cuál es nuestro papel en la construcción de lo social? Todavía queda mucho –todo- por hacer. No lo echemos en saco roto.***Paréntesis: No sé por qué cada año veo en las macetas más Chicas Superpoderosas y Piolines que ringletes; más chicles y chocolates que alfeñique (pasta de azúcar cocida y estirada en barras delgadas y retorcidas); más fotocopias y calcomanías que artesanía. Sin duda, se debe a ese afán comercial y a ese consumismo que padecemos. Pero gústele como le guste, lo que no debemos dejar de afianzar son nuestras raíces a través de una de las tradiciones más antiguas del Valle del Cauca. Gócense este fin de semana de celebración del Día de los Ahijados.

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