¿Quién podrá defendernos?

¿Quién podrá defendernos?

Abril 08, 2011 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

Una ciudad caótica, saturada, de locos, que cuando creemos que ya por fin nos va a sorprender, nos muestra más de lo mismo. La falta de una autoridad con estricto criterio, la contaminación visual y auditiva, la inexactitud en los cobros de valorización, el incumplimiento en el cronograma de las megaobras, la invasión del espacio público, los niños en semáforos en vez de pupitres, las insoportables ‘terminalitas’ de cabo a rabo, las invasiones, la débil salud financiera del MÍO, la ausencia de cultura ciudadana, la corrupción, los fallidos guardas cívicos. Y ni qué hablar de la abominable inseguridad, en donde desde esta tribuna, la de las letras, no nos cansaremos de enumerar los hurtos, atracos, fleteos y raponazos que no sólo acaban con nuestras pertenencias sino, más grave aún, con nuestra tranquilidad y calidad de vida. Todo igual. ¿Cuál es, entonces, el nuevo latir de Cali?El límite de la permisividad –y la pasividad- hace mucho tiempo perdió su cauce y ya no deja que se estire ni un centímetro más. De ahí se ha derivado una problemática y una actitud que, desde gobiernos anteriores, no exclusivamente el de Jorge Iván Ospina y sus secuaces, nos muestra una sociedad cada vez más compleja y unos dirigentes que no han conseguido ir un paso adelante para ofrecernos calidad en esas necesidades básicas a las que todos los ciudadanos tenemos derecho. De un lado, figurines charlatanes que a la sombra de un prometedor discurso, que si acaso ellos mismos se creen, escudan ese interés en ofrecer soluciones temporales adecuadas a las políticas de un partido; esas ganas de obtener poder y riqueza fácil con lo ajeno; esa comodidad de adecuar la democracia a beneficio de unos pocos y ese afán de conseguir votos. De otro lado, una ciudadanía desatendida, curtida, anestesiada, de espaldas a la realidad y apática a las actividades electorales. Y ambos nos hemos acostumbrado a echar culpas, a no cuestionar, a justificar y a manejar altos niveles de grosería e intolerancia, sinónimo de la falta de garantías, bienestar, oportunidades y confianza. Que las encuestan arrojen que un 43% de caleños no votaría por ninguno de los precandidatos a la Alcaldía es preocupante. ¿Quién podrá defendernos? La incredulidad no es en vano. Hemos escogido lo que hemos querido y ahora debemos asumirlo, aprender y repensar, más cuando nos encontramos ad portas de elegir el poder local. Voten y háganlo a conciencia, estudiando los perfiles de cada aspirante y su equipo de trabajo; voten sin coacción, sin ser pasionales, sólo buscando edificar ese roído tejido social, dejando de lado el miedo y aprendiendo de los errores cometidos. El voto en blanco también vale la pena estudiarlo y no echarlo en saco roto. Lo que no sirve, que no estorbe. Lo claro es que no hay cabida para más pasos en falsos.Confieso que soy soñadora y mi idea de política, quizás, siga siendo utópica, a pesar de haberme estrellado mil y un veces. El buen político es líder, no se arrepiente, afirma valores y principios sin caer en la religiosidad; para él la autodisciplina resulta indispensable, desarrolla permanentemente nuevos conceptos y adapta ideologías para afrentar las nuevas realidades, es congruente, vela por el correcto andar de las instituciones, respalda la Ley, ve más allá y su prioridad está en esgrimir procesos lentos y graduales. Y a la par de un buen político está el buen ciudadano, que se involucra, participa, inquiere, exige no un mesías sino un personaje con carácter y criterio definido, con defectos y virtudes, cuestiona y hace valer sus derechos. El poeta argentino Luciano Ortega dice que el valor de una profesión se mide por el grado de servicio que hagamos al bienestar general. Coincido. ¿Cuándo empezaremos a pensar en comunidad?

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