¡Por amor al arte!

¡Por amor al arte!

Febrero 25, 2011 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

No entiendo por qué todo lo que tiene que ver con arte, de una manera más acentuada a nivel regional, se hace con las uñas. La razón está lejos de que sus protagonistas sean austeros, obstinados o crean que estos quehaceres hacen parte exclusiva de un ser bohemio, desprendido o ambiguo. No. El punto de quiebre está en los espacios y las oportunidades que cada vez se encuentran más reducidos y distantes de las prioridades de organismos, instituciones e, incluso, del mismo Estado. Ni resulta lógico que en pleno Siglo XXI los artistas tengan que mendigar apoyo y reconocimiento ni podemos resignarnos a ver cómo estas expresiones se disipan entre el olvido y la falta de propósitos. Es un absurdo que todavía la mayoría de colombianos creamos que nuestras únicas representaciones en este campo sean Botero, Shakira, el fútbol (y todos sus escenarios, porque para eso sí hay con qué) y las telenovelas, que sólo muestran el mismo melodrama y mediocridad. Eso es lo que hay. Sesgados estamos de notar que existen millares de personas quienes, haciendo uso de su creatividad, nos muestran que otros mundos son posibles para la conciencia. O pregunto, ¿se agenda usted para asistir a las exposiciones de arte, conciertos de diversos géneros o competiciones que no incluyan un balón? Allí, señores, hay pupilos de talla mundial. Y por lo menos, hasta ahora, para estos eventos no se abarrotan auditorios ni se agotan boleterías. Carlos Andrés Gómez y Kevin Roldán, sólo por traer dos ejemplos a colación, son caleños dolientes de esta falta de amor por el arte. El primero, un escultor, le dio vida a ‘Kilómetro Cultural’, un trabajo tallado sobre algunos barrancos de la vía a Cristo Rey con elementos extraídos de la misma tierra. El segundo, un cantante de música urbana que, como su sencillo ‘Matraca’, le ha apostado a sus composiciones de poesía callejera. ¿Los ha oído nombrar? El escultor, después de dos años de desgates en la búsqueda de patrocinio, decidió tumbar sus obras a manera de protesta, pues las entidades públicas del Municipio se daban crédito con el embellecimiento que estaba realizando en la ciudad, pero no ofrecieron nada de billete. Vive del aporte de los turistas. El cantante, por su parte, toca puertas en otras ciudades del país y de EE.UU., pues en Cali, además de catalogar su aspecto de ‘ñero’, no le dan cabida en medios (a menos de que sea él quien pague por sonar) ni tampoco participación en la Feria. Un ‘calibalismo’ que impide evolucionar y triunfar.Hasta que no entendamos que el arte no es sólo una expresión romántica, que es una forma de ganarse la vida y que no es sólo para las élites, nada va a cambiar. Esta es una profesión transformadora, incluyente, entretenida, fomenta la formación de tejido social y se desenvuelve -o debería- como cualquier otra carrera en el mundo moderno y globalizado en el que, supuestamente, vivimos. Urge un compromiso mayor y prioritario por parte del Ministerio de Cultura, las secretarías de Cultura de Cali y el Valle y la Gobernación no sólo en la destinación de recursos, también en el fomento de valores cívicos y principios urbanos, la estructuración de políticas y programas que atiendan las necesidades de este sector, la otorgación de créditos, la cimentación de espacios estratégicos para su promoción. Propongámonos a alimentar esa madurez cultural que nos hace falta y evitemos que muera de inanición. Mientras que en otros países ‘desarrollados’ viven del arte, aquí se lucha por él.***Paréntesis: los habitantes de Siloé deben sentirse orgullosos de ese espacio vital que, de la mano de Sidoc, la Fundación Nueva Luz y la Asociación Centro Cultural la Red, ayudaron a construir. Un punto de encuentro comunitario y recreativo que todos los caleños, sin distingo alguno, debemos no sólo visitar, sino ayudar a proteger y promover.

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