¿Paciencia?

Julio 15, 2011 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

El sur de Cali colapsó. Inocultable. Más ahora, cuando la ilusión de la llegada de las vacaciones de colegios, universidades y jardines infantiles, lo que otrora permitía una movilidad libre y fluida, se terminó de arruinar. Para bajar de Chorro de Plata un fin de semana hay que esperar a que caiga la noche porque las oleadas de gente literalmente lo impiden o venir del sur del Valle implica soportar interminables colas de vehículos de todo tipo. Toda esta maraña de transeúntes y motorizados desemboca en Ciudad Jardín y sus alrededores, represándose con los casi 40.000 vehículos que circulan por ahí cada día. Mejor dicho, los caleños, en especial los sureños, quienes nos demoramos cerca de 25 minutos en salir de nuestros barrios, debemos afrontar una prueba diaria con la paciencia.Con sólo tres vías para su movilización, la Comuna 22 quizás es una de las más afectadas. Estamos saturados de centros comerciales, clubes sociales y establecimientos comerciales, que en contraste con las ‘terminalitas’, las ventas callejeras y unos caminos que parecen trochas, han desatado embotellamientos, inseguridad y una bulla bárbara. Las ciudades no paran de crecer y aquí no podemos pretender seguir manejando la movilidad igual. Tenemos las mismas vías desde hace décadas y, aunque está la intención de apostarle al desarrollo urbano, estamos moviéndonos a destiempo y creciendo de un modo desordenado. En esta misma zona del sur de Cali, y sumado a lo anterior, no sólo se adelantan crudamente los trabajos de recuperación de la carpeta asfáltica de la Calle 16. El junio pasado, además, Metrocali anunció que realizará un hundimiento en la intersección de la Calle 13 con Carrera 100, obra que varios caleños cuestionan como verdadera solución. La inquietud por el tema de movilidad casi que se equipara con el problema de inseguridad que venimos sorteando, lo que pone en carácter de urgente que se tomen medidas al respecto para suavizar, al menos un poco, los impactos ambientales y sociales, en aras de minimizar el malestar y la negativa repercusión en la calidad de vida de las personas. Ya ni las ‘bondades’ del Pico y Placa se sienten.Dicen que el que piensa pierde y a veces las decisiones primordiales de Cali no se toman de manera inmediata, como debería ser, pues las necesidades de la ciudad no dan espera. Por eso le hacemos un llamado a la Alcaldía, a Planeación Municipal, a la Secretaría de Tránsito y demás autoridades competentes para que se pellizquen y ejerzan un control minucioso en la administración del tráfico, en el control de los espacios públicos, en la aplicación de sanciones a los infractores e, importantísimo, en el fortalecimiento de un programa de reconstrucción total en cultura ciudadana.Pero mientras esto sucede, debemos como ciudadanos y conductores presionar el cambio y darle un giro a esa débil disciplina que tenemos al volante. Qué triste ver cómo nos desenvolvemos como si se tratara de una batalla por la sobrevivencia. Manejamos a la loca, sin reglas, atropellando al otro con pitos o insultos. Nos convertimos en seres desconfiados y agalludos. Así que para exigirles a las autoridades primero debemos exigirnos a nosotros mismos. Ahí radica el verdadero sentido de responsabilidad. Esto tal vez nos lleve a considerar otras alternativas de transporte, como el servicio público, la bicicleta, caminar o el ‘carpool’, que al final también terminaría por despertarnos ese espíritu ecológico que tanta falta nos hace. Por ahora, paciencia nos piden, paciencia que nos llevan pidiendo desde años atrás, y paciencia tendremos. No hay de otra.

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