No hay peor ciego…

Septiembre 23, 2011 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

¿Cómo reaccionaría usted si mientras camina por la calle, como cotidianamente lo hace, se encuentra con muros en todos los cruces peatonales? ¿Sabría cómo esquivarlos? ¿Qué pasaría si al entrar a una exposición de arte es obligado a usar gafas oscuras? ¿Podría apreciar las obras en su máxima expresión? Me atrevería a decir que todos, si esto sucediera, nos veríamos en aprietos y resultaría complejo desenvolvernos con la misma fluidez de siempre. Pero son incontables las personas que a diario se enfrentan con esta encrucijada. Les toca y punto.La Organización Mundial de la Salud indica que aproximadamente el 12% de la población mundial tiene algún tipo de discapacidad. En el Valle, según el Dane, de cada 100 personas, ocho afrontan alguna limitación física o cognitiva permanente. Es una realidad.Una cosa es tener alguna discapacidad -que no es opcional- y otra cosa es no contar con los espacios adecuados para que puedan vivir lo más normal posible con su condición -que sí es una decisión. Y en Cali, precisamente, tal vez no hemos entendido la dimensión del asunto. Aunque la Administración le ha apostado a incluir zonas especiales a este sector de la población (punto a favor que se anotan algunas Megaobras y varios andenes remodelados de la ciudad), aún falta ser más incluyentes, y como miembros de una misma sociedad, no podemos ser ajenos a sus necesidades específicas que, como las de todos, son su derecho fundamental.Es una queja general, contada por quien padece una discapacidad física y anda en una silla de ruedas, que en Cali son contados los lugares adecuados para ellos. En muchos restaurantes no hay rampas y si las hay, son contrahechas e inutilizables. Cuando van a cine, no entienden por qué sus puestos están ubicados en las primeras filas. Lo único que les genera es incomodidad y dolor de cabeza. Los baños son amplios, tienen tubos de apoyo, pero los inodoros son tan pegados al piso que es imposible usarlos sin la ayuda de otra persona. O en su defecto, se encuentran con llave, debido a que varios ciudadanos ociosos utilizan los baños especiales para quienes realmente los necesitan. Cualquier ciudad debería estar apta para que un discapacitado transite por ella por sí mismo. De nuevo, Cali no es una de ellas. Será quizás que no nos hemos dado cuenta de que es una forma de exclusión. Pero el sentido común es el menos común de los sentidos.Las comparaciones son odiosas, pero a veces hay que hacerlas para tratar de entender y considerar que este sector de la población no es pequeño y sí prioritario. Las ciudades de EE.UU., y Europa les ofrecen infinidad de alternativas para su adecuada movilidad y accesibilidad. Tan importantes son en sus agendas, que La Liga de Ciudades Históricas Accesibles, que hace parte del Centro Europeo de Fundaciones, y a la que pertenecen fundaciones de Italia, Francia, España, Dinamarca y Portugal, está ejecutando un proyecto de elaboración de itinerarios turísticos para personas con discapacidad en seis ciudades europeas, que a finales de este año resultará en una completa guía de accesibilidad. Un ejemplo digno de seguir.Desde el 2006, Cali cuenta con una Política de Discapacidad que, sin duda, requiere de una mayor difusión y aplicación. Haciendo un paneo rápido por la situación, se observa que a pesar de la normatividad existente y las actividades desarrolladas, todavía hay barreras que no dejan que quienes se encuentran en situación de discapacidad, participen y se desarrollen en igualdad de condiciones. Esta discusión no puede quedar sin resolverse.

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