‘Licencia’ para el caos

Enero 24, 2014 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

Lo que se ha suscitado alrededor de la renovación de las licencias de conducción resulta casi ‘macondiano’. Una nueva afrenta del Gobierno que, contrario a aportar celeridad y beneficios para la ciudadanía logra, por el contrario, una mayor sensación de confusión, especulación y, así, un panorama caótico. La necesidad de realizar este trámite se ha traducido en congestiones, largas filas, cantidades de tiempo para conseguir un turno, hacer la ‘vuelta’ y asumir los altos costos que implica. Ahora, tratando de menguar el desorden -que ellos generaron-, el Ministerio de Transporte prorroga por tercera vez (¿y última?) la fecha límite para la renovación del pase. Ahora, buscando empequeñecer las críticas sobre el trámite, nos atribuye la culpa a los colombianos y a nuestra cultura de “dejar todo para última hora”. Nada más absurdo y facilista que recurrir a estas excusas para lavarse las manos. La raíz de los problemas no está en la importancia del trámite ni en los plazos, sino en la forma de realizarlo. La estrategia del Ministerio ha sido ineficaz. Desde el principio no hubo claridad en la información sobre el proceso, tampoco instrucciones precisas, y ahora como salida buscan sancionar al conductor que no cumpla. La improvisación trae consecuencias. De locos esto que pasa, más durante un Gobierno que, paradójicamente, promulgó esa famosa Ley Antitrámites, que se suponía debía agilizar las diligencias y optimizar los procesos oficiales. Una de esas “bondades”, en la que el Estado hizo una altísima inversión, fue el Runt y con él, la fácil expedición de licencias de conducción. Un sistema “soñado” que fue protagonista, junto a varios ministros y funcionarios públicos, de este caos. El primero porque sus bases de datos no están conectadas y su sistema operativo vive caído; los segundos, por su falta de liderazgo y por creer que podemos perder tiempo y plata por tecnicismos. Claro y puntual lo expresó el columnista Daniel Samper Pizano cuando se refirió a lo valioso que es el tiempo para el ciudadano y al abuso del Estado sobre quienes pagan por sostener un aparato burocrático ineficiente, regañón y abusivo. Si no se empieza por lo básico, que es la clara difusión de la información y la solución a los problemas de la plataforma del Runt, me temo que los nuevos plazos con el “Pico y Pase” no darán mayores resultados y el remedio terminará siendo peor que la enfermedad. Lo que es cierto es que el sistema falla no ahora que se acortan los términos, sino desde muchísimos meses atrás. Previendo lo que sucedería por estas épocas, apenas me enteré que había salido la resolución que exige la renovación del pase, fui a hacer la diligencia a uno de los centros de servicio del Tránsito en el sur de la ciudad. Llegué temprano y no había nadie. Cumplí con todos los requerimientos médicos y motrices (cuestan 100 mil pesos, más que una consulta particular al especialista) y finalmente reclamé mi nuevo pase (el plástico vale 90 mil pesos). Y aunque pareciera que el proceso fluyó sin inconvenientes, la “vuelta” duró cerca de cuatro horas. Ojo, cuatro horas y yo era literalmente la única conductora en el sitio. Fue una mañana tediosa, por allá en marzo del año pasado, hace casi un año, cuando ni se hablaba del tema y no había colas ni congestión, cuando el “soñado” sistema colapsó. Y sí, tardó cuatro largas horas en volver. Como hoy. Con esto se pone en evidencia que el Gobierno no está actuando de forma adecuada frente a una situación que afecta a más colombianos que cualquier otro problema y que sus funcionarios no están preparados para ejecutar políticas claras y consistentes para que todo fluya con normalidad. Sin duda, los problemas deben solucionarse cuanto antes y la tecnología tiene que ser más eficiente; de lo contrario, seguirán abriéndole espacio a la laxitud, al descontrol ciudadano, a los tramitadores y, por supuesto, a la corrupción.

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