Libertades a medias

Diciembre 03, 2010 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

El mundo entero se ha enfocado en elogiar o criticar los más de 250.000 cables filtrados por la página web Wikileaks. Lógico, teniendo en cuenta que esta maraña de información le puede dañar el caminado a más de uno y, además, resulta novedosa (¿qué tan necesaria?) para el espectador. ‘Leaks’, en español, traduce fuga, filtración; es decir, eventualmente los escándalos se ‘agotarán’ y serán relevados por otros.Y mientras aquello sucede, lo que realmente interesa es eso más ‘escandalizante’ que lleva con nosotros desde siempre. Se trata de un término con el que todos nacemos, muchos lo luchamos y no todos lo conseguimos: la libertad. Y bajo la lógica del Estado Social de Derecho al que pertenecemos, en donde, se supone, somos democráticos, no entiendo por qué aún nos pasamos décadas desgastándonos en interminables debates. Decimos que estamos en proceso de construir un país en el que cada día seremos más libres y que estamos en tiempos de modernidad. Claro, ciertamente se han preocupado por nuestra libertad económica, cultural, política, de información. ¿Y las libertades sexuales? Éstas siguen siendo libertades a medias, en abstracto.Que el Presidente del Partido Conservador dijo que presentarán un proyecto de ley que reformaría la Constitución para prohibir, sin ninguna excepción, el aborto en Colombia. Que aún no existe un pronunciamiento de fondo por parte de la Corte Constitucional, que acaba de inhibirse, por cinco votos a uno, sobre la posibilidad de que se les otorguen derechos jurídicos a las parejas del mismo sexo y puedan contraer matrimonio civil. Que pese a que Benedicto XVI le hizo un mínimo guiño al uso del condón, todavía lo condiciona para “algunos casos”, pues no es promovido como método de control natal. ¿Qué libertades tenemos entonces sobre nuestra sexualidad?No deberíamos dimitir en tomar decisiones tajantes frente a estos temas, pues los derechos no podemos dejarlos en vilo. Hasta qué punto son negociables, me pregunto. Aunque pretendemos respetar la diversidad y el pluralismo, actuamos de manera incongruente, en tanto resulta más fácil prohibir que concientizar. Y de lo que no nos damos cuenta es que los límites se han arraigado y se siguen tejiendo en nuestra mentalidad.La cuestión no está en trazar una dicotomía entre bueno y malo, sino en comprender que para gozar de la libertad es necesaria la responsabilidad, lo que implica pensar, planificar y prever. ¿Qué esfuerzo hemos hecho por sentirnos iguales? ¿Por aprender de nuestras historias y opresiones? Más que las guerras y el narcotráfico, la crisis de los colombianos es de convivencia, de no querer lidiar con la diferencia, de no establecer prioridades y de no respetar las necesidades y los valores más elementales. Concretar verdaderos programas sociales, asumir los derechos sexuales y reproductivos de forma abierta e integral, fundar redes de apoyo, fomentar el desarrollo y la dignidad personal, son temas trillados que deberían estar ‘saldados’ con la población desde hace mucho tiempo. ¿Cómo enfocar los debates a los grandes temas de la época? El desempleo, la inseguridad, las migraciones, el agua, la sostenibilidad, la violencia, el medio ambiente, la energía, por ejemplo. Si desde las distintas esferas de la sociedad no asumimos que estamos en pleno mundo moderno y que debemos caminar a su ritmo, con todo y sus vaivenes, seguiremos imposibilitados para fluir. Debemos ser categóricos, de una vez por todas, en hacer de Colombia un espacio habitable para todos, pues la vida se pasa y el tiempo se agota en la ‘intención de unos pocos de seguir construyendo un país que, al final, resultará utópico. ¿Y mientras tanto qué?***Paréntesis: ¿Cómo les está ayudando usted a los damnificados del invierno?

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