La Ventana Indiscreta

La Ventana Indiscreta

Febrero 06, 2015 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

Cuando se habla de La Ventana Indiscreta, una gran mayoría se refiere quizás a esa famosísima película que Alfred Hitchcock dirigió en 1954, en donde James Stewart personifica a un fotógrafo inválido que pasa sus días observando a sus vecinos a través de una ventana que da hacia el patio interior del edificio. Esa que también protagonizó Grace Kelly y que es reconocida como una maravillosa oda al voyerismo. Pero para muchos caleños, La Ventana Indiscreta también tiene que ver con ese pequeño local, ubicado en San Fernando, fundado y aún atendido por José Urbano, que se ha encargado de difundir el cine ‘invisible’, ese que no circula, ese que no se comercializa ni menos ese cine al que la gente acude en masa. Le puso así a su video tienda y centro cultural porque precisamente La ventana Indiscreta, por su genialidad de haber sido rodada en un solo espacio, se convirtió en su película favorita. También porque le hace homenaje a ese caleño por naturaleza mirón y contemplativo. Y a ese local, que permanece intacto desde hace tantos años, vetusto y acogedor, no sólo se va a buscar cintas de Fellini, Chaplin, Kusturica, Billy Wilder o Kurosawa, entre otra infinidad de títulos del cine clásico; también se va a tener una deliciosa conversación con José, que es un erudito en el tema y sabe exactamente cómo tocar las fibras de sus clientes, que terminan envueltos en las historias de cada filme. Él sabe la minucia, lo que nadie percató, las motivaciones de los realizadores, la escena más compleja de rodar, las anécdotas de sus actores, lo que decía la crítica en la época, las implicaciones sociales de cada película, todo. José ha conservado en su tienda la misma labor que desempeñaba aquel librero de antaño, que había leído cada ejemplar de sus estanterías y los discutía -con propiedad- con los visitantes. De ahí su magia.La de José es una historia muy bacana. Padece de Cinécífilis, término que utilizó Andrés Caicedo para referirse a esas personas que necesitan dosis semanales de cine para no morir de melancolía. Ve un promedio de dos películas diarias, alrededor de 500 al año, y empieza a entender uno porqué un literato y psicólogo de profesión gesta desde tan joven esta ‘enfermedad’. No fue sólo determinante haber hecho parte del cineclub de la Univalle toda su adolescencia; o que en el patio de su casa, a sus cinco años, se llevaran a cabo las reuniones de ese grupo que luego se conformó como Caliwood, y en donde además Mayolo rodó sus primeras películas. También lo fue el hecho de que pertenece a la que él mismo llama una “generación mutilada”; una que pasó del prerromanticismo al posmodernismo en muy poco tiempo, casi a la fuerza; una en la que apareció la Revolución Industrial y todo lo transformó. Para él esa metamorfosis significó la muerte del cine, una expresión que José utiliza para explicar lo que sintió en el momento en el que desaparecen los teatros de barrio y empiezan a fortalecerse los centros comerciales con sus propias salas de cine. Estuvo al frente de la dirección de Cine Ojo, el cineclub del Calima, hasta bien entrado los 90, cuando el teatro es cerrado definitivamente. Lo propio sucedió con el San Fernando, el Bolívar y el Cid. Pocos años antes, en 1993, previendo que el cine se trasmutaría a nuevos formatos y temáticas, José abrió la Ventana Indiscreta con la intención de seguir difundiendo el cine de autor, ese maravilloso cine invisible, con la misma esencia de ese viejo librero. Se sorprendió con la acogida que tuvo. Y ahí está el local, intacto; y José, que como espectador entusiasta no sólo padecerá de una eterna Cinecífilis, sino que espera podérsela contagiar a esos cinéfilos de verdad. De esos tantísimos que hay en Cali y aún no lo saben. Vaya y verá.

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