La misma historia

La misma historia

Marzo 22, 2013 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

La inseguridad está desbordando la paciencia de los caleños. La situación de atracos, robos y homicidios ha llegado a niveles críticos, tanto que ya es cotidiana. La papaya está partida sin necesidad de darla y está afectando todas las clases sociales. Cali es la séptima ciudad más peligrosa del mundo y, según una encuesta de ‘Cali, cómo vamos’, el 70% de la ciudadanía se siente insegura. Lo que sentimos va más allá de una simple percepción. La situación es real, tangible, estamos en retroceso y punto.Por más de que aburran y sean reiterativas las historias que oímos o vivimos a diario, es nuestro deber divulgarlas para al menos contrarrestar lo que tanto daño nos hace. Ante un panorama frente al que estamos cada vez más anestesiados, replicar lo que muchos hemos padecido es, más que una catarsis, una forma de pronunciarse, denunciar y exigir –ya- una solución.1:30 de la tarde y Lucía, una señora que podría ser mi mamá, hacía mercado en La 14 del Valle del Lili. Una mujer, de unos 60 años, elegante y bien parecida, le preguntó por una fundación, pues traía –y se la mostró- unos dólares para una donación. Esta ‘gringa’, que hablaba español con acento y no paraba de sobarle el brazo, le pidió que no la dejara sola. Lucía se acercó a un tipo joven, que se identificó como empleado del supermercado, para que les ayudara con la dirección. La señora, que dijo llamarse Anna Smith (como la famosa y polémica exconejita Playboy), sacó además un billete de la Lotería de Medellín. El señor, quien averiguó por ella el resultado, le dijo que se había ganado 430 millones de pesos y que para reclamarlos necesitaba el billete ganador, su pasaporte y dos testigos –quienes también recibirían un premio de tres millones de pesos por ser “ciudadanos honorables”- que demostraran solvencia económica a través de retiros por cajero o transacciones electrónicas.Anna no le soltaba el brazo y, hasta entonces, Lucía no sentía nada distinto a confianza, familiaridad y una inmensa responsabilidad de ayudarla. Nunca se sintió asustada, mareada ni extraña. De hecho, hoy me cuenta su historia casi minuto a minuto. En taxi se fueron los tres hasta Jardín Plaza, en donde, convencida por Miguel, decidió que la mejor forma de realizar algún movimiento era hacer un avance y una compra de iPods y parlantes, objetos que resultaron ser el regalo perfecto para Anna llevar de regreso a Estados Unidos, así que le devolvería, en dólares, lo que traía para la donación del principio de este cuento. Fue Miguel el que hizo los retiros y pagó en el establecimiento, en frente de todos le metió la mano a la billetera de Lucía. De eso también se acuerda, pero nunca le pareció raro. Su día acabó a las 5:30 de la tarde cuando fue al baño y al salir no encontró a ninguno afuera. Llegó a su casa con cinco millones de pesos menos, debitados de tres tarjetas de crédito, y con rasquiña en el brazo. Tan sutil y sencilla como su robo. Interminables horas pasó entre la Fiscalía con la denuncia y Medicina Legal, en donde casi no pueden tomarle la muestra de sangre porque en el informe había quedado mal digitada su cédula. Hay videos, pruebas, el caso está asignado a un juez y, un mes después, ni siquiera sabe qué clase de droga abusiva (una sustancia que funciona como una especie de sedante, en donde la persona siente tranquilidad y casi sin darse cuenta pierde la voluntad) le dieron.La labor del Municipio y del Gobierno Nacional ha sido importante, pero nada suficiente. Cada vez más perdemos la confianza ciudadana, lo que es grave. Me pregunto con qué cara vamos a recibir en estas condiciones a los deportistas y visitantes de los Juegos Mundiales. La solución para Cali, como su realidad, debe también ser tangible, no una utopía hecha palabras y proyectos en borrador.

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