La cultura pisoteada

Octubre 18, 2013 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

Es triste, por no decir vergonzoso, el bochinche que se armó alrededor de la Bienal de Danza. Empañamos el sentido del evento y desdibujamos su significado por engancharnos en cuentos de cocina y señalamientos de corrillo que parecieran tener mayor peso que los beneficios que un festival de esta magnitud le ofrece a la ciudad. Muy mal el enfrentamiento desmedido entre instituciones y personajes de renombre, así como las acusaciones groseras de quienes apasionadamente toman partido. Muy mal que se traigan a colación viejas rencillas, se ventilen vanidades e intimidades que a nadie competen, que todo se reduzca a chisme provinciano y egos. Muy mal que, una vez más, reluzcamos esa esencia típica del caleño, experto en enturbiar lo fundamental, en criticar y en hacerle zancadilla a lo que supone progreso y bienestar. Para muchos, comportarse como roedor con hambre es más fácil que colaborar en la búsqueda de soluciones.Por estar dedicados a las patrañas y a la minucia, el enfoque se ha perdido y el más afectado de todos, al final de cuentas, no son los personajes, sus secuaces ni las instituciones, que seguirán vigentes, sino la cultura, su desarrollo e injerencia prioritaria en el progreso del país. Cali está en un buen momento y vive un resurgir cultural importante, que debemos aprovechar sin pasos en falso. Los orgullos no pueden seguir frenando el progreso y eso lo entenderemos cuando nos creamos el cuento de la ciudad que somos, de lo que tenemos y que lo que aquí se apoya no es el nombre de un par de personajes, sino un evento que construye ciudad. No apropiarnos de la Bienal de Danza demuestra poco amor por Cali y su desarrollo cultural. Tanto han enlodado el festival, que pocos se toman el tiempo de conocerlo a fondo, valorar los esfuerzos que hay detrás, ver el impacto positivo sobre la sociedad y la economía. Quizás no sepan que se escogió inicialmente Cali por ser una ciudad que baila; que cuenta con la participación de 18 compañías nacionales (nueve son locales), nueve internacionales y más de 700 bailarines en escena; que las agrupaciones son de alto nivel y con coreografías completas; que pretende visibilizar y legitimar movimientos nuevos, así como fortalecer los procesos de danza existentes en Colombia; que los espectáculos son para todas las edades y bolsillos; que además de las funciones habrá talleres, conferencias, videodanza, cursos de baile y clases maestras dictadas por los directores de las compañías invitadas. Tampoco deben saber que el día previo a la inauguración habrá una muestra de 22 bailes, con parejas y ritmos escogidos en acuerdo con los líderes de las 22 comunas, que llevan más de un mes preparándolos. Esto demuestra que para construir ciudad se necesita de todos y que eventos como éste, lejos de ser elitistas, como lo tildan, se convierten en herramienta de cohesión social. La danza, para quienes lo han olvidado, es un fenómeno de inclusión. Un evento como la Bienal de Danza, que busca al mismo tiempo definir políticas públicas sobre el tema, permite que Cali ratifique su sentido de pertenencia y resurja con el entusiasmo con el que viene, posicionándose como una ciudad capaz de hacer grandes eventos. Es, además, la oportunidad para que la danza se reinvente, se institucionalice como una industria cultural y se inscriba dentro de los grandes circuitos internacionales. La Bienal de Danza es apoyada por el Ministerio de Cultura en el marco del Plan Nacional de Danza de Colombia. El reto es lograr que Cali siga siendo su sede pues Medellín, Bucaramanga y Barranquilla pidieron ser anfitrionas para el 2015. Sería triste que un evento de tal magnitud, con su riqueza cultural y abanico de aristas no lo aprovechemos por mezquindad. Probablemente nos privaremos de algo que no podremos volver a presenciar jamás.

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