Jamundí invadida

Septiembre 20, 2013 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

Cali es una ciudad de invasiones, situación que ha demostrado altísimas afectaciones y cada vez mayores riesgos no solo en la parte social, sino también en el medio ambiente. La mayoría de las familias que viven en estos asentamientos no tienen un trabajo estable para subsistir, lo que se traduce en inseguridad, ni tampoco son conscientes del daño ecológico que cada vez más erosiona nuestras tierras y agota nuestros recursos, poniéndole freno al bienestar de la comunidad y, por consiguiente, al correcto desarrollo de la misma. Poco control, por no decir cero, y una total tolerancia es lo que se ha demostrado en los procesos de urbanización ilegal en el departamento del Valle. La nefasta experiencia de Cali no parece despertar la sensibilidad de otros municipios, cuya displicencia ante un tema tan fundamental ha permitido que los tentáculos de estas intrusiones crezcan con fuerza y se adentren en todos los rincones. Jamundí es uno de ellos y es un caso que preocupa. Desde hace relativamente poco tiempo las viviendas subnormales en el sector rural de El Chontaduro, ubicado en la Cordillera Occidental, han aumentado de forma considerable. Según cálculos de la Personería, en ella habitan cerca de 200 familias desplazadas del Cauca, Buenaventura y Cali. La quebrada que lleva su mismo nombre ha sido foco de la actividad minera ilegal, esa que tanto tiene azotada al país, y de la extracción de materiales de construcción (la bauxita, principalmente). Se ha alterado el cauce del afluente, más de 10 hectáreas de terreno han sido quemados, infinidad de árboles talados y los conflictos entre invasores, paramilitares y bandas emergentes ya han cobrado vidas. Pese a los llamados de atención de la CVC y las denuncias ciudadanas, nada se ha hecho al respecto. He sabido del desinterés del alcalde Pimentel para asumir este fenómeno, pues no existen declaraciones sobre el asunto ni ha esgrimido ninguna política coherente que logre evitar su crecimiento y el daño que le está generando al agua de reserva que, se supone, abastecerá en un futuro a gran parte de esa población. La reacción a las invasiones, cualquiera que sea, debe ser inmediata y las soluciones igual. ¿Qué espera? Cabe recordarle que el brote de la minería en la zona de Zaragoza, sobre el río Dagua, inició en 2006 como un asentamiento leve, aparentemente controlable, pero gracias a la negligencia de gobernantes y autoridades hoy es un sector con una emergencia ambiental y social descontrolada. No está de más tampoco anotar que sobre la Avenida Cañasgordas, a la altura de Comfandi, ya hay un nutrido número de vehículos piratas que se encargan de subir y bajar a todos los pobladores de El Chontaduro. Jamundí cuenta con infinidad de cualidades para progresar. Pero de nada sirven los mejores proyectos urbanos y de inversión social que se gestan en este municipio sino están preparados para asumir su desarrollo con las bases legales necesarias, comprometiendo a la misma ciudadanía. Está en mora, señor Alcalde, de concertar voluntades, aunar criterios y asumir los problemas actuales. Y el Gobierno Nacional, al tiempo, de darle prioridad a las raíces de esos desplazamientos. Jamundí tiene que despertar, asumir y ejecutar. Para ayer es tarde. ***Paréntesis: A propósito, ¿qué pasó con los retornos que necesariamente deben hacerse en el separador de la vía Panamericana? Están enmalezados, sucios y el caos sobre esta carretera, sobre todo cuando hay accidentes, sigue latente. Parece más una trocha que una vía interdepartamental.

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