Inconciencia latente

Febrero 20, 2015 - 12:00 a.m. Por: Laura Posada

Inocultable la falta de conciencia en Cali para tratar temas neurálgicos, esos que aunque elementales resultan esenciales. Tantos aspectos que permanecen adormecidos y que sólo denotan la falta de voluntad no sólo de dirigentes y autoridades municipales, sino el poco compromiso de la ciudadanía. Han sido muchos los temas de ciudad, las críticas, denuncias y quejas que se han tratado en esta columna; sin embargo, siguen inermes, acentuándose con el tiempo. Por qué y hasta cuándo, quien sabe. Lo cierto es que el hecho de no llegar a un punto de inflexión, con cambios realmente tangibles, demuestra que vamos en retroceso, a pesar del momento tan importante de desarrollo urbano que viene viviendo Cali de unos años para acá. Sigo permeándome del sentir general de la gente, de las preocupaciones que me comparten a diario, por lo que hoy propongo este espacio para exponer, una mínima parte al menos, esas molestias latentes. ¿Qué estamos haciendo, cada uno desde nuestras esferas, para aportar a la solución? El agua sucia es de todos. ***Es clara la importancia y la necesidad de las motos como medio de transporte, pero estamos inmersos en una situación que agobia por la cantidad -¡qué moterío!-, y por sus pésimos conductores. Las salas de emergencia viven llenas por los accidentes que a diario ocasionan, pues más que manejar, torean los carros y se cuelan por donde bien les parece, por donde no deben ni menos caben. Y vaya uno y roce una moto siquiera. Sus imprudencias terminan por convertirse en nuestro mayor karma. Consecuencia, quizás, de la falta de conocimientos mínimos para maniobrarlas, de que las entregan –casi regalan- con sólo presentar la cédula. Ahora no sólo está el temor de que son conducidas por sicarios, también por gente ignorante y agresiva. ¿Dónde está el Tránsito? ¿Para qué sirven tantas cámaras? Las multas sin pedagogía no cobran ningún sentido. ***La mala señalización –o la falta de ella-, hace que circular por Cali sea una tarea arriesgada. Confusión, extrañeza y peligro es lo que genera la alteración de las señales con actos vandálicos, la ausencia de demarcaciones en las intersecciones (Cali tiene más de 8.000 cruces que necesitan 23.000 señales de tránsito y sólo hay 7.000), los semáforos dañados (el 60% de ellos ya cumplió su vida útil) y los adecuados límites de velocidad (en la Autopista Suroriental, por ejemplo, varían en cuestión de 20 metros), entre infinidad más. De nuevo, ¿para dónde se está yendo la plata de las multas?***Sin soluciones a la vista se encuentra ese 12.6% de la población que a diario se transporta en bicicleta, pese al compromiso de la Administración de culminar los 120 kms de ciclorutas estipulados en el Plan Maestro de 2005. No ha habido interés ni plata para limpiar y completar los tramos prometidos, pero sí 4.000 millones de pesos para dos planes piloto para la intermodalidad, que se supone garantizará más pasajeros para el MIO (biciMIO). Un proyecto que sin duda será viable una vez la seguridad y la cicloinfraestructura esté debidamente resuelta. Por ahora, es plata tirada a la basura. Sólo dos personas han hecho uso de este servicio. Los valiosos estudios y propuestas de organizaciones y colectivos siguen ignorándose. ¿Cuáles son las prioridades en la destinación de estos recursos? ¿Hasta cuándo paliativos en vez de soluciones de fondo? ¿Por qué se sigue improvisando?***Se viene asentando un grupo de recicladores en uno de los parques de la Pasoancho, a la altura de la Carrera 83. Aunque viven de un oficio digno, la clasificación de basuras está contaminando y acabando con los espacios públicos. ¿Quién pone orden?

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